viernes, 27 de enero de 2012

Editorial

La insoslayable  contundencia de los números

Ángel Juárez Masares

Cuando los hombres comienzan a caminar por la vida generalmente se plantean algunas metas. A veces posibles, otras no tanto, en ocasiones inalcanzables.
La multiplicidad de factores que habrán de encontrar en ese trayecto incidirá inevitablemente en la obtención de esos objetivos; algunos de los que no los alcancen culparán por esto a la mala suerte, otros a terceros, otros al Gobierno, y otros a sus padres.
Naturalmente que no tenemos intención de desagregar circunstancias, detallar situaciones, o encontrar soluciones mágicas, porque no es la idea, porque no las tenemos, y porque de intentar hacerlo acabaríamos elaborando un burdo tratado de auto-ayuda de esos que tanto criticamos por inútiles.
En lo que sí insistiremos, es en la necesidad de hacer. No importa qué, pero hacerlo poniendo en ello toda nuestra  energía y el máximo esfuerzo. Hacer buscando la perfección, aún sabiendo que no habremos de conseguirla, pero llevando la tenacidad al extremo.
Con esos ingredientes comenzamos hace 17 meses a editar HUM BRAL en este formato. La imposibilidad de volver al papel fue uno de los factores principales para adoptar esa decisión.
Sin embargo, debemos confesar que en aquel momento no teníamos idea de lo que podíamos generar, y la expectativa que alguien nos leyera era más que moderada. Sí teníamos claro el objetivo; queríamos una publicación volcada a la cultura, aún conociendo lo extenso, complejo, y nada rentable que es ese camino. Otro de los objetivos era actualizar totalmente la página cada semana, aunque en este caso ignorábamos las horas de trabajo que eso implicaría.
Y fuimos “haciendo”. Comenzamos a escribir, a buscar material, a hurgar en estantes abandonados (también virtuales), a extremar el cuidado del idioma, pese a que la memoria visual suele fallarnos con frecuencia y descubrimos un error gramatical o de “tipeo” una vez que está diagramada, y luego de una docena de lecturas procurando evitar ese error.
Buscamos que HUM BRAL fuera visualmente agradable, que las notas no fueran demasiado extensas, y que el resultado fuera una publicación cultural, pero no “culturosa”, es decir, que fuera comprensible aún para el hombre común, básicamente porque quienes la hacemos somos hombres comunes.
Los primeros meses fuimos trabajando quizá hasta con cierta inocencia (nunca displicencia). Lo tomábamos en serio, pero no sentíamos que nos pesara mas responsabilidad que la de mantener la línea trazada.
Entonces aparecieron los números. Esos números que aún hoy tratamos de mirar de soslayo, pero cuya contundencia nadie puede evitar, por real, y por eso mismo inevitables. Los primeros meses la curiosidad apareció casi de manera inconsciente cada viernes, en la medida que el contador de visitas se acercaba a las 1.000 semanales; luego ese número fue una constante, y continuó acrecentándose sin pausa. Al mismo tiempo, la cantidad de lectores alrededor del mundo también crecía. Primero fueron los países limítrofes, luego saltamos a Europa y Asia, y de pronto vimos con sorpresa que alguien nos había leído en Ucrania; y comenzamos a jugar con eso. Personalmente se me ocurrió divertirme señalando que nadie nos leía en Burkina Faso, seguro que nadie nos leería en ese minúsculo y políticamente complicado país africano.
Hasta que el milagro se produjo –para usar una frase hecha- y apareció UN lector allí. Ahora, perdida esa partida, menciono en Facebook que aún nos falta Antananarivo, aunque ya no estoy seguro que un día de estos la Red nos diga que tenemos un lector en Madagascar.
No pocas veces, quienes hacemos HUM BRAL nos sentamos a pensar, y entre teóricos divagues y reales realidades nos preguntamos por qué razón nos leen, sobre todo cuando en este asunto que hemos abordado existen miles de propuestas quizá más ricas en contenido por la capacidad de quienes las ofrecen.
Como no conseguimos encontrar una respuesta  nos aferramos a la idea que planteábamos al principio: la necesidad de buscar la perfección, aún a sabiendas que será como tratar de llegar al horizonte, evidentemente tiene su recompensa. Actualmente quedó lejos la meta de las 1.000 visitas semanales, y hoy rondamos las 1.700, lo que está indicando que esta humilde propuesta llena las expectativas de mucha gente.
¿Qué es un número insignificante? Lo es.
¿Importa que alguien nos lea en Senegal? Importa.
No sabemos hasta cuando podremos sostener HUM BRAL; ya lo hemos dicho y es una realidad, pero si de algo pueden estar seguros, es que mientras podamos mantenerla  la seguiremos haciendo teniendo como techo solo nuestra limitada capacidad intelectual, pero jamás escatimaremos el esfuerzo.
En esta edición le regalamos una selección de los mejores cuentitos medievales.
“Historias de la Comarca”, de Ángel Juárez Masares, para repasar las peripecias del Señor Feudal y sus súbditos.


Léalo, descárgelo, imprímalo, regálelo a un amigo o a algún gentilhombre de la comarca que   todavía no lo haya leído, en:

¿Cómo harán los historiadores del futuro?



Aldo Roque Difilippo

¿Cómo harán en los próximos siglos los historiadores, biógrafos y hurgadores del pasado para  saber  de nuestros desvelos, amores, pasiones y esperanzas? ¿Cómo harán para reconstruir ese pasado si nuestra cultura actual está basada en la fragilidad de lo digital? Hoy recibimos una oferta laboral o amorosa mediante una llamada telefónica o un mail, y pocas veces o casi nunca  tomamos la precaución de grabarla o imprimirla para conservarla. Hoy nos gusta un paisaje y lo registramos en una fotografía.  Perpetuamos un instante con un amigo con una fotografía. Grabamos con nuestro celular un video  donde nuestro hijo da los primeros pasos, donde nuestro equipo convierte un gol, o lo que fuera, y esa información va a parar al disco duro de la computadora, y si acaso somos previsores la respaldamos en un CD, o en un Pen Drive con la fragilidad que eso representa, ya que está supeditada a ser borrada, a que el soporte se dañe, o que simplemente la tecnología en la que fue  grabada quede obsoleta y no haya manera de recuperar esa información. 
Piense si acaso en algún cajón no tiene guardado un disquete. ¿En cuál de las actuales computadoras podría leerlo? Ni pensar si usted es uno de los pioneros en estas lides informáticas y todavía conserva esa verdadera reliquia histórica de hace apenas 30 años cuando usábamos disquetes de 5 pulgadas. ¿Se acuerda de aquellos enormes rectángulos que tenían menos capacidad que lo que significa cualquier foto digital de una cámara promedio de la actualidad y que nos ufanábamos al usarlos como si  fuesen la tecnología que perduraría  por los siglos de los siglos, en una modernidad que quedó obsoleta en  menos que nada?
Está bien, usted podrá opinar que una simple carta escrita en papel también es frágil, que es susceptible al paso del tiempo, al fuego y otras circunstancias, pero convengamos que en esta era donde todo es digital esa fragilidad es aún mayor. ¿Cómo hacer para leer un simple CD  dentro de 50 años cuando haya cambiado  todo lo que conocemos? Se me dirá, ya se inventará algo que lo permita. En eso estamos de acuerdo. ¿Pero como poder reconstruir los amoríos de algunos personajes célebres de nuestra época en base a sus mensajes de texto o sus mail?
Seguramente algunos tenemos cartas de nuestros abuelos, tíos o parientes, que no habrán sido tan célebres pero que nos permiten intuir cómo pensaban, cuáles eran sus desvelos. Aproximarnos a esa intimidad mucho más allá de lo que nos puedan contar sobre qué hacían o no.
Apenas 11 días antes de morir Simón Bolívar  escribió   esta carta  a Fanny Du Villard.
 
“Querida prima: 
¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro?
Ha llegado la última hora; tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805.
Por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz.
Y tú estás conmigo, porque todos me abandonan; tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia.
¡Adiós Fanny! Esta carta, llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó las tuyas en las horas del amor, de la esperanza, de la fe.
Esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y Carabobo; esta es la letra escrita del decreto de Trujillo y del mensaje del Congreso de Angostura.
¿No la reconoces, verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado la realidad de este supremo instante.
Si yo hubiera muerto en un campo de batalla frente al enemigo, te dejaría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado en los campos de un sol de primavera.
Muero miserable, proscripto, detestado por los mismos que gozaron mis favores, víctima de un inmenso dolor; presa de infinitas amarguras. Te dejo el recuerdo de mis tristezas y lágrimas que no llegarán a verter mis ojos.
¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda?
Estuvistes en mi alma en el peligro, conmigo presidiste los consejos del gobierno, tuyos son mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyos son también mi último pensamiento y mi pena final.
En las noches galantes del Magdalena ví desfilar mil veces la góndola de Byron por las calles de Venecia, en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú; porque tu flotabas en mi alma mostrada por las níveas castidades.
A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las últimas congojas apareces ante mis ojos de moribundo con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas y en tu voz escucho las dianas de Junín.
Adiós, Fanny, todo ha terminado. Juventud, ilusiones, risas y alegrías se hunden en la nada, sólo quedas tú como ilusión serafina señoreando el infinito, dominando la eternidad.
Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderse en el vacío.

Santa Marta, 6 de diciembre de 1830”.

¿Cómo poder  rescatar algo de esto dentro de 50 o 100 años con algún personaje actual. Casi imposible.
Seguramente que ese personaje enviaría un SMS o un mail a su amada con éstos u otros dramas  y ella casi seguramente  que  una vez leído lo borraría sin dejar rastro de nada.
¿Que le dirán los actuales dignatarios a sus mujeres y amantes? ¿Qué pensarán –más allá de lo que trasciende del discurso oficial-  de las decisiones que adoptan o dejan de adoptar actualmente, en la cual estamos inmersos no solamente nosotros sino los personajes que vendrán dentro de 50, 100 o 200 años?
Yo por lo menos no tengo respuesta de cómo recuperar esa inmensidad de mensajes en todas las formas imaginables que emitimos y recibimos actualmente, y que indefectiblemente se perderán para siempre.
¿Los historiadores del futuro deberán conformarse con investigar solamente la versión oficial de los hechos? La que quede registrada en los documentos, y por consiguiente sin tener posibilidad a hurgar en todos los cabildeos y comentarios previos y posteriores. ¿Tendrán que  remitirse a conjeturar los otros aspectos  que componen las decisiones, actitudes, y hechos  de la actualidad?
No lo sabemos, salvo que vivamos cien años más, cosa imposible, como para verlo.








EL CUENTITO MEDIEVAL

De como en el primer mes de 1512
“los grotescos” la comarca gobernaron, pues como hacía mucho calor los principales de palacio se borraron

Ángel Juárez Masares
 Había una vez en una pequeña y lejana comarca un Señor feudal que reinaba sobre su pueblo desde un antiguo y coqueto palacio.
Algunos documentos fechados a mediados del primer mes del año 1512, dan conocimiento de curiosos sucesos acontecidos en la aldea que se levantaba a orillas del Gran Lago Negro.
Sin embargo, antes de comenzaros a relatar detalles desos, debo recordar a quienes no estén apercibidos, quienes eran los personajes conocidos como “los grotescos”; pese a que muchos de ustedes los conocéis pues en mas de una oportunidad han sido protagonistas de estas historias.
Tratábase de personas que a las que la naturaleza los había bendecido con capacidades diferentes a las que poseía la mayoría de los habitantes comarcanos. Varios reyes pasaron por el trono de la Gran Comarca del Sur, aquella de la bahía poco profunda y del cerro solitario, antes que “los grotescos” fueran reconocidos como iguales.
Fue entonces que dejaron de ser motivo de burla de los menesterosos de espíritu, y se ganaron su lugar en las sociedades a fuerza de trabajo, tesón, y una entrañable bondad que los acompañaba más allá de cualesquiera circunstancia.
Refrescado que hemos la memoria de nuestros amados Cofrades, procederé a organizar estos antiguos pergaminos, algunos de los cuales he tenido que planchar entre dos losas calientes previo humedecido con una solución de agua regia y extracto de alcanfor.
Dice uno de ellos (el cual por su lectura colijo es el primero pues no están numerados, ni firmados):
“A los quince días del primer mes de 1512, algunos asuntos de interés popular lleváronme a solicitar una cita con el Señor feudal. Como es de rigor mandé nota a su secretario, pero no obtuve respuesta. Dirigíme entonces al lacayo siguiente en la escala descendente en cuya pirámide encontrábase el Amo. Nones. Continuado que hube el descenso jerárquico terminé en el portero de palacio, que dormíase abrazado a una trompeta que le había regalado un músico de otra comarca.
Díjome el portero: el Señor feudal no está, fuese a su mansión de campo a cabalgar en sus pequeños caballitos. Tampoco el secretario está, fuese a la casa de campo del Señor, y aunque tiene que dormir en el establo no quiere estar lejos del Amo (no se sabe si por lealtad, o por temor a que alguien le birle el puesto).
Sir Ferdinand De Vor´s no está, fuese a su casa de campo a “poner en orden”  las cuentas de palacio (aduce necesitar intimidad).
Alex Unvago no está, fuese a otras comarcas en busca de buenos vientos pues insiste en su afán de volar a toda costa (ya se comunicó con Icaro, quien le advirtió que la cera no funciona).
Sir Andrews Ramiz no está, fuese a Charles Peace a hacer temporada con la obra “Bajos instintos” (que siglos después le sería plagiada por Michael Douglas).
En suma, nadie queda en palacio que atienda a nadie, ni siquiera a los enviados del Rey Joseph “El Feo”, que llegaron en  sus carruajes a presenciar un festival de músicos que tocan en la calle (tuvieron que pernoctar en la ídem debido a las ausencias antes mencionadas).”
El segundo pergamino estudiado dice:
“La ausencia total de las autoridades palaciegas hizo que alguien (no se pudo saber quién) pusiera a varios “grotescos” en los puestos vacantes como para disimular, pensando seguramente que harían lo mismo que los titulares: nada.
Sin embargo en pocos días la aldea comenzó a percibir grandes cambios. Las arcas palaciegas guardaron celosamente los maravedíes aportados por el pueblo en sus impuestos. Los números estampados en los libros eran reales; la amabilidad retornó a los scriptoriums, las calles estaban limpias del estiércol de las cabalgaduras, y los retretes limpios del estiércol de los humanos. Los visitantes que llegaban a la comarca de la insignia del Zor-Hete retornaban a sus lugares de origen agradecidos y agradados, y en cada sección de palacio trabajaba con denuedo un grotesco idóneo en su función”.
El último pergamino está roto deliberadamente. Basta solo observar el corte limpio de una afilada navaja que pretendió cercenar la verdad, pero que –aún así-no pudo ocultarla.
Nada sabemos entonces de lo ocurrido al regreso del Señor y sus acólitos, pero no obsta ello para demostrarle al mundo quienes eran los que tenían capacidades diferentes.
Quedó claro en esos días quienes habían sido capaces de gobernar con soberbia. Quienes lo habían hecho con estulticia; quienes habían sido inmorales, y quienes eran capaces de ejercer la mezquindad sin complejos ni pudor.

Moraleja:
                Triste es el destino de quienes pudiendo hacer historia, quedarán en la memoria de los pueblos como nabos (con el perdón de Joseph) debí decir en este caso: zanahorias.
Así actúan la literatura y la poesía sobre el cerebro


Silencio atronador, muerto viviente, dulce amargura, noche blanca o monstruo hermoso son ejemplos de oxímoron, una combinación de dos palabras de significado opuesto que al unirse originan un nuevo sentido. Un estudio español publicado en la revista NeuroImage revela que estas figuras literarias generan una intensa actividad en el área frontal izquierda del cerebro.
Según los autores del estudio, del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián, los políticos en sus discursos, los generales en sus arengas y los amantes en sus poemas han utilizado desde siempre ciertas figuras retóricas para convencer, infundir valor o seducir. Lo que hasta ahora no se había logrado era medir empíricamente la capacidad de una figura literaria para generar actividad cerebral en las personas.
“Nuestra investigación demuestra el éxito a nivel retórico de las figuras literarias, y la razón de su efectividad es que atraen la atención de quien las escucha” más que otras expresiones, explica Nicola Molinaro, autor principal del estudio. Concretamente, "se activa la parte frontal del cerebro y se emplean más recursos de lo habitual en procesar a nivel cerebral esa expresión". El investigador señala que el resultado de los experimentos se relaciona "con la actividad que requiere procesar la abstracción de figuras retóricas como el oxímoron, que tratan de comunicar cosas que no existen". 
Para los experimentos, Molinaro y sus colegas crearon varias listas de frases incorrectas, neutras, oxímoron y pleonasmos (vocablos innecesarios que añaden expresividad), empleando el mismo sustantivo como sujeto: la palabra ‘monstruo’. Concretamente, los investigadores han utilizado ‘monstruo geográfico’ como expresión incorrecta, ‘monstruo solitario’ como expresión neutra, ‘monstruo hermoso’ como oxímoron, y ‘monstruo horrible’ como pleonasmo. Después, se les mostraron estas listas a personas de entre 18 y 25 años y se midió su actividad cerebral cuando las procesaban por medio del electroencefalograma.
Los resultados muestran que cuanto menos natural es la expresión más recursos requiere para ser procesada en la parte frontal izquierda del cerebro. La frase neutra ‘monstruo solitario’ es la que menos recursos cerebrales necesita para procesarse. En cuanto a la expresión incorrecta ‘monstruo geográfico’, 400 milisegundos después de percibirla, el cerebro reacciona al detectar que hay un error. Sin embargo, en el caso de los oxímoron, como ‘monstruo hermoso’, 500 milisegundos después de percibirse la expresión se midió una intensa actividad cerebral en la parte frontal izquierda del cerebro, un área íntimamente relacionada con el lenguaje que los seres humanos tienen muy desarrollada en comparación con otras especies.
Molinaro ya ha comenzado a repetir este experimento con la resonancia magnética, para obtener imágenes de la actividad cerebral cuando se procesan figuras retóricas. El siguiente objetivo es estudiar las conexiones entre dos áreas muy implicadas en el procesamiento del significado: el hipocampo y el área frontal izquierda.


Extraído de: www.muyinteresante.es

La coltura monisipal



Aldo Roque Difilippo


Si el cerebro se ve efectuado cuando recibe una información contradictoria como Silencio atronador, muerto viviente, dulce amargura, qué cambios sufrirá ante un impacto como este: “SE EXCIBIRÁ LA PELÍCULA”…
Y  qué modificaciones experimentarán las células cerebrales cuando el receptor de esa información  sabe de antemano que se trata de una comunicación oficial de un organismo público que debería dar el ejemplo.
Como lo reflejan las imágenes el pasado 25 de enero la Secretaría de Relaciones Públicas, Prensa y Protocolo de la Intendencia de Soriano emitió uno de sus habituales comunicados de Prensa. Un archivo de Word, que bajo el título “Información a los medios de comunicación” detalla las actividades emprendidas y las proyectadas.  Al anunciar la exhibición pública de la película “3 Millones” de  Jaime y Yamandú Roos, el comunicado oficial  expresa que se “EXCIBIRÁ”, en mayúscula y en negrita para que no quede lugar a dudas.
El apuro del trabajo diario puede llevar a que cometamos errores, puede llevar también a que no nos tomemos el tiempo suficiente para revisar lo hecho, o que ni siquiera tengamos tiempo para aunque más no sea para pasarlo por el corrector ortográfico del procesador de texto. Pero algunas horas después, para liquidar cualquier  duda, esa información con el llamativo “EXCIBIRÁ” fue colgada en la página Web de la Intendencia, oficializando por segunda vez semejante término, y dando por tierra cualquier  posibilidad de conjetura.
Así que el Departamento de Cultura de la Intendencia, a través de la Secretaría de Relaciones Públicas, Prensa y Protocolo informó de la excibición  (¿o debería escribirse excibisión?) de dicha película.
En el departamento donde nació la Patria, donde nos preciamos de nuestro bagaje cultural, fértil en su tierra, su gente y sus ideas, la Intendencia de Soriano nos  exhibe  al mundo desde su página web (http://www.soriano.gub.uy/www/noticia_3.html) como otra cosa muy lejos de  la imagen de individuos cultos que decimos ser.
Información incluida en la página web de la Intendencia de Soriano


Breve historia de la barba
y el bigote


Fuente: Revista Crítica Nº 38, 20 de julio de 1935.

“Del lado de la barba está el poder”, dice en una de sus obras el gran cómico Moliére, que, por otra parte, no la tenía. Esto lo comprendieron tal vez nuestros antepasados de las cavernas, en los tiempos en que acariciándose la barba con una mano y enarbolando un garrote con la otra, mandaban a sus mujeres que los obedecían solícitas. Pero desde entonces las cosas han cambiado, las barbas fueron desapareciendo poco a poco, y hoy día… ¿Hay algún marido que se haga obedecer por su mujer? Digamos más bien que…, en fin, no insistamos sobre este punto tan doloroso.
Ya en la antigüedad, la suegra de Thotmes III, que ejercía el poder efectivo en nombre de su débil yerno, se había hecho hacer un busto con barba, pues era ella la que llevaba la barba en la vida conyugal; hoy día diríamos que llevaba los pantalones. Examinemos pues los pasos que ha dado esa prueba del poder del hombre antes de que desapareciera completamente.
Antes que Moliére, los egipcios opinaron que la barba era el signo de la autoridad. La mayoría de los faraones están representados con una barba postiza. Los asirios exhibían hermosas y ensortijadas barbas, y obligaban a sus esclavos a afeitarse. En cambio los griegos y los romanos estaban afeitados: sus esclavos a menudo lucían barba y bigote. Todo es cuestión de entenderse.
En las crónicas, Carlomagno es el emperador de “la barba florida”. Francisco I se dejó crecer la barba para ocultar una cicatriz. Por otras razones, el Papa hizo lo mismo. Inmediatamente todos los mentones se adornaron; los eclesiásticos siguiendo el ejemplo del Papa imitaron a los laicos que copiaban al rey. Estas veleidades del clero no dejaron de provocar dificultades.
Cuando Guillermo Duprat, que se enorgullecía de ser poseedor de una de las más hermosas barbas de Francia, fue nombrado obispo de Clermont y quiso tomar posesión de su catedral, los canónigos le prohibieron la entrada a causa de su mentón barbudo. Puesto entre el obispado y la barba, optó por el primero y no tuvo más remedio que afeitarse. Este incidente trajo grandes discusiones; la Sorbona estudió largamente tan grave y pilosa cuestión, y el rey intervino a favor de la barba.
En Francia la barba estuvo de moda bajo el reinado de los Valois, pero luego empezó a caer en descrédito. Bajo Luis XII la barba se redujo a un puñado de pelo bajo el labio inferior, llamado “mosca”. No todos los magistrados se resignaron a esta triste reducción de su sistema piloso. Mathieu Molé, que dio tanto que hablar durante la Fronda tenía el sobrenombre de “la gran barba”; no tenemos necesidad de describirlo más. La “mosca” persistió en los primeros tiempos del reino de Luis XIV, y poco a poco fue disminuyendo hasta desaparecer. El final del siglo XVII, todo el XVIII, y el principio del siglo XIX, vieron mentones imberbes y mejillas afeitadas.
El bigote reapareció con los húsares. Estos cuerpo de caballería de origen húngaro, tenían la cabeza completamente afeitada a excepción de un jopo de cabello en la punta de la cabeza, y de unos grandes bigotes caídos. Los otros cuerpos de caballería, emocionados por estos hermosos ejemplares, reclamaron también el derecho de usar bigote.
Tiempo después la barba fue casi relegada al olvido. Lo único que persistió fue el bigote, último vestigio del poderío masculino. Después de 1830, el bigote se generalizó. Sin embargo los marinos, los cómicos, los magistrados y los sirvientes continuaron afeitándose, y ciertos tribunales prohibieron a los abogados que actuasen delante de ellos con bigotes.
Bajo el segundo imperio, el bigote se usó fino y engomado; una pequeña barba los acompañaba.
Desde entonces la moda ha variado muchas veces. ¿Quién diría que en Paris estuvieron a punto de batirse por el bigote? Pocos años antes de la guerra, estalló una huelga homérica: la de los mozos de café, que exigían el derecho de usar bigote, que hasta entonces se les había negado. Se volcó mucha tinta y mucho vermouth a causa de esta reivindicación, hasta que los mozos salieron con la suya. El derecho de tener pelo en la cara les fue otorgado.
Extraído de: www.elhistoriador.com.ar

Hablando de bueyes perdidos

RECUERDOS DE UNA VISITA
A LA BODEGA
                                                                                                                           Ángel Juárez Masares

Una noche –dijo mi Amigo tirando unos tacos de madera al fuego donde se asaba un pedazo de borrego- unos amigos fueron a buscarme para llevarme a conocer una bodega.
Estaban apurados, pero aunque no encontré razones para ello, los vi tan entusiasmados que no quise contradecirlos y dejé lo que estaba haciendo para acompañarlos.
Al poco rato descendíamos por una escalera de piedras desprovista de pasamanos. Ya en la mitad del tramo percibí la frescura del lugar y el olor a humedad característico. Una sola lamparita colgaba en medio del recinto, y un aroma del queso me llegó hasta la pituitaria, enroscándose allí y llenándome la boca de saliva.
Una mesa de madera presidía el lugar, prometiendo una degustación digna del gourmet más exquisito;  algunos cuchillos y otros elementos de faena se veían colgados de las paredes, y los toneles donde el vino esperaba paciente la acción del tiempo estaban allí, tan al alcance de nuestra sed que daba ganas de estirar ese momento para hacerlo aún mas placentero. Y eso fue precisamente lo que hicieron los muchachos. Me mostraron todo sin permitirme tocar nada. Detalladamente me ilustraron acerca de la utilidad de cada artilugio; éste sirve para mover la cuajada, éste para quitar las impurezas, éste para colar, y éste molde para prensar “la forma” hasta que tome su punto. Eso sí –dijo uno ellos- el secreto consiste en apretar en la justa medida. Si uno se pasa de fuerza sacará todo el aire, y entonces… el trabajo será en vano-
-Lo mismo pasa con el vino- dijo otro de mis amigos- la cata debe ser moderada. Uno buscará sumergirse primero en los aromas, separando con el olfato los diferentes componentes contenidos en el vino. Hallará entonces la química presencia de la tierra que dio vida a la planta; el agua que le permitió crecer, el sol del mediodía y el frío de la noche que maduraron los racimos.
-¿Y como saben tanto?- dice mi Amigo que les preguntó a los hombres.
-Porque llevamos mucho tiempo trabajando en esto –respondió uno de ellos.
-También es verdad –agregó otro- que antes no sabíamos nada, pero un día vino un técnico a enseñarnos. Sabía mucho el hombre, por eso su Jefe lo mandó hasta acá, y de él fue que aprendimos cuando el vino está en su punto-
Mi Amigo toma un “pincho” y da vuelta el trozo de borrego rociándolo con una mezcla de sal y ajo que tenía en una botella. Con el mismo elemento, apaga el pequeño fuego que comienza a crecer sobre las brasas al derretirse la grasa de la carne, y llena otra vez los vasos de éste vino.
-Ahá- dice como tomando impulsos para reanudar el relato- se conoce que el técnico sabía mucho, porque los muchachos hacían muy bien su trabajo.
Usaban la cuchilla previamente humedecida, y en la tabla de trabajo bien podía caber un hombre encima. Para probar el vino tenían las copas adecuadas, y cada vez que escanciaban en ellas uno sentía sensaciones diferentes; al principio era como asomarse a un mundo inexplorado, luego daba la impresión de estar en un lugar ya conocido, y esperabas que de alguna parte surgiera la figura de tu hermano. Después… sentías que tu único vínculo con el mundo era la tabla…te aferrabas a ella con la esperanza de continuar en la bodega. De pronto eras un polizón descubierto en un barco pirata, caminabas la tabla sintiendo en tu espalda la punta del sable…cuando ibas saltar te quedabas sin aliento y volvías al tonel. Tosías, y la risa de los muchachos te llegaba como ajena, o desde muy lejos, casi como si no los conocieras.
Pero cuando ya te habías emborrachado, a los muy turros se les antojaba preguntarte cosas, sin tener en cuenta que entre tanto vino te habías olvidado hasta de tu nombre. Y ellos seguían…!dale que dale con el vino!...y vos terminabas vomitando mientras ellos reían con las copas vacías en las manos. ¡Hasta alguno se daba el lujo enojarse contigo porque habías perdido la memoria con tanta juerga!-
Al final te hacían probar “el blanco”…un tonel de blanco tenían allí…pero uno estaba tan borracho a esa altura del partido que apretaba la boca para no beber más. Además, ese vino era asqueroso, si tragabas un poco te raspaba la garganta y te hacía arder los ojos mientras los muchachos se divertían de lo lindo.
Mi Amigo hace una pausa y corta un trozo de carne que me alcanza en la punta del cuchillo.
-Mirá… a punto. Un golpecito más de brasas para “crocantearlo”, y comemos.
-Fuimos muchos los que visitamos la bodega, aunque no para todos fue bodega. Para algunos era un parque de diversiones, de esos que los juegos se parecen más a una tortura que a un divertimento. Por eso preferían el parque. Había quienes bajaban fascinados por un tobogán hasta caer en un lago de agua limpia llena de peces y mujeres desnudas; otros optaban por la montaña rusa, otros por el tren fantasma.
Todas esas locuras protegieron la cordura.
Quienes bajaron a la bodega y no dejaron su mente en el perchero, enloquecieron.
Una noche en la que me arrastraban totalmente ebrio escaleras arriba, me dio por preguntarle a los muchachos quien era el técnico que les había enseñado tanto del asunto.
Primero se hicieron “los cosos”, como si a mi me interesara aprender algo, pero un día uno de ellos me dijo por lo bajo:
-El hombre que nos enseñó como hacer este trabajo, se llama Dan Mitrione.
Intercambiando mails con Leo Masliah

“Hay mucha música clásica que es burda
y simplota si se la compara
con un arreglo de la orquesta
de Pugliese o una canción de Jobim”


Aldo Roque Difilippo

Estuvo tocando en el festival Jazz a la Calle. Al pie del escenario le pedimos una entrevista y su respuesta fue  taxativa: “solo por mail. Mandame un correo que yo te lo contesto”. Y así lo hicimos.
Leo Masliah, el músico,  y escritor uruguayo respondió algunas interrogantes de  HUM BRAL con rigurosa meticulosidad. A cada pregunta indefectiblemente nos devolvió un mail con la pregunta y su respuesta.
No tengo carrera musical (ni de otra clase tampoco)” se limitó a afirmar cuando  intentamos preguntar sobre sus influencias musicales. Catalogó al actual movimiento generado en torno al rock uruguayo como “remasticaciones poco interesantes” que  se vente “a los jóvenes como si fueran algo joven y nuevo”. Aunque “la música verdaderamente joven debe estar encerrada en rincones a los que nadie presta atención ni difusión, aunque estoy seguro de que debe existir”.

¿Qué impresión recogió de la actuación  de “La Orquestita” en el
Encuentro Jazz a la Calle?
-Fue algo muy positivamente destacable en muchos aspectos: excelentes condiciones técnicas, gran asistencia de público y particularmente de público sensible y de mente abierta.


Ud. es un caso raro dentro del panorama musical uruguayo, ya que
constantemente ha fusionado la  música denominada  culta con la
popular. ¿Cómo percibe,  desde el escenario, que ese mensaje es
recibido por el espectador?

-Esto de la música popular y la culta es bastante complicado, y me parece que en las últimas décadas se vino complicando todavía más, de tal manera que esa clasificación me parece que no logra reflejar lo que sucede en la música en cuanto a estratos o grandes campos (si es que lo logró alguna vez; tiendo a creer que no, ni siquiera en la clasificación del musicólogo Carlos Vega, que incluía un tercer estrato que llamado “mesomúsica”). Se da que hay varias cosas que no se dejan aprisionar ni en lo “culto” ni en lo “popular” (sin ser tampoco de “frontera” entre ambos), y que muchas cosas de música “culta” son mucho más populares y difundidas que cosas de música “popular”. Esto da para hablar mucho, pero digamos que en mi quehacer musical no me rijo por esta división, no porque pretenda desconocerla, sino porque hay que hacer otras que sirvan mejor para describir lo que sucede musicalmente (por lo menos en el mundo “occidental”, o de la parte nuestra que forma parte de alguna parte de él).

En Uruguay, en cada pueblo o ciudad, hay muchas academias o profesores de  música, pero paradójicamente  no es común la masificación de la denominada música culta, o aquellas más elaboradas.
Por lo general predomina la música comercial y más simple. ¿Eso se debe a  la falta de una política de Estado  a través del Ministerio de Educación y Cultura, o a la propia formación de los  profesores que no incentivan al alumno a explorar nuevas cosas, buscar nuevos caminos,
etc.?
-Bueno, la “simpleza” de una música no tiene nada que ver con el estrato musical en el que haya surgido. Hay mucha música clásica que es burda y simplota si se la compara con un arreglo de la orquesta de Pugliese o una canción de Jobim, o con un hecho musical folclórico cualquiera. Por otra parte, es muy difícil medir la complejidad de una música, y eso no tiene nada que ver con su calidad. Tampoco el carácter comercial (o no) de una música tiene siempre que ver con la calidad. Algunas de las cosas más comerciales del siglo XX fueron también de las mejores que se produjeron en ese período (la música de los Beatles, por ejemplo). De todos modos, aunque en las escuelas estatales (Escuela Universitaria de Música y Escuela Municipal, en Montevideo) siga predominando la formación tradicional basada en la música clásica europea, la llamada música “culta” dejó de tener el monopolio de la educación musical “formal”; y para desempeñarse en áreas tradicionalmente vinculadas a lo que se llama música “popular” se necesita una formación mucho más exigente y rigurosa que para tocar música “culta” (tanto “clásica” como “contemporánea”; al menos en relación con los cánones habituales en nuestro país).


Creo no haberme expresado bien. Quise decir que si bien en Uruguay proliferan las academias de música, es decir que hay un amplio sector de la población que conoce por lo menos los rudimentos de  un instrumento musical, o ha participado de coros o conjuntos, ¿por qué la música que mayormente “consumimos” es de muy baja calidad? Apuntar que el mercado manda, parecería un facilismo, si es que tenemos una sociedad musicalmente culta como para discernir más allá de lo que se le pretende imponer.
-Bueno, creo que la enseñanza de la técnica de un instrumento musical no va unida necesariamente a un desarrollo del gusto o de inquietudes que puedan llevar a ampliar la sensibilidad. Pero también creo que la incidencia de las escuelas de música en cuanto a qué música quiere oír la gente y qué música tienen que tocar los músicos para poder trabajar, es muy pequeña. La publicidad y los medios de difusión masiva tienen mucho más incidencia.

Más allá de los géneros o los estilos (el candombe, la murga, etc.), ¿Uruguay tiene una identidad propia de hacer música?
-Creo que está asentada en sólidas bases la opinión de varios musicólogos en cuanto a que las fronteras culturales no coinciden con las fronteras políticas.

¿Qué influencias reconocés en tu obra al momento de componer?

-El momento de componer sería el menos indicado como para pensar en eso… Pero aparte, pienso que los periodistas preguntan demasiado a menudo irreflexivamente eso. ¿De dónde sacan que un músico puede estar especialmente
calificado para saber qué cosas lo influyeron en ese aspecto? Así reciben su merecido, pero el que paga es el público, porque la mayor parte de los músicos contestan nombrando músicos que les gustan, y nunca nombran cosas de las que abominan y que pueden haberlos influido –sin saberlo ellos- mucho más que las que les gustaron en algún momento, y siendo que esas que les gustaron pueden no haberlos influido prácticamente en nada, más allá de alguna generalidad. Y el público cree lo que le dicen. Yo creo que esa pregunta es para exegetas que sepan mucho, pero mucho, de música y de sicología.


¿Qué o quiénes te marcaron o reconocés como una influencia en tu carrera musical?

-No tengo carrera musical (ni de otra clase tampoco).


¿Qué autores, compositores, o intérpretes uruguayos considerás fundamentales?, si tuvieras que  mostrárselos a un espectador foráneo.

-Eso de “si tuvieras” no funciona conmigo. Para poder preguntar eso tenés que postular muchas más hipótesis, construir un mundo alternativo en el cual el que yo “tenga” que hacer eso sea compatible con el resto de mi modo de vida (si existo en ese mundo) y con todo el resto de lo que pasó durante siglos en los distintos continentes (si los hay en ese mundo).

¿Por qué?

-Porque no podés postular un cambio en el universo dando por sentado que el resto de las cosas se van a mantener incambiadas.


En un medio tan chico como el uruguayo, ¿el mercado condiciona la creación al momento de componer o grabar?

-No creo que el tamaño del medio incida en eso. Hay gente más condicionada y gente menos condicionada en todos lados.

¿Cómo ves el fenómeno que se viene dando con la música uruguaya en los últimos años, donde han surgido grupos, fundamentalmente del rock que  han logrado llegar masivamente al público?

-No estoy cerca de eso. Lo poco que escuché no me interesó. No oí nada que no fueran remasticaciones poco interesantes de cosas que se vienen haciendo desde hace 50 años, y que se venden a los jóvenes como si fueran algo joven y nuevo. La música verdaderamente joven debe estar encerrada en rincones a los que nadie presta atención ni difusión, aunque estoy seguro de que debe existir.
Quién sabe si, como la música de Morton Feldman, suena a tan pocos decibeles que los ruidos de cualquier calle medianamente transitada la vuelven inaudible.