sábado, 1 de febrero de 2014

Del día en que el pueblo pidió al viejo escriba medieval  un análisis político de su época, y de las angustias y zozobras en que se vio inmerso al escribir tal desatino



                                                                                                                                    Escriba Medieval

Amados cofrades: una destas mañanas llegóse a mi ventana el airoso palomo “Ad-Inet” luciendo en sus patas moriscas un mensaje que rezaba: “Noble y nunca bien ponderado Escriba, muchos de quienes seguimos vuestros relatos estamos hartos de la repetición de textos de antiguos pergaminos que soléis facer. Por lo tanto atrevémonos a decir que bueno sería nos fablaras de la aldea donde moráis, y sobre cómo viven quienes en ella habitan, sobre todo los mas desprotegidos, pues sobre las intrigas cortesanas ya os habéis referido.”
Leído que hube tal misiva tuve que reconocer el ingrediente de verdad que la acompaña, y como la necedad es hierba que debe ser combatida, relataré –o por lo menos intentaré facerlo- algunos aspectos acerca destos requerimientos que –inevitablemente- habrán de conducirme a un análisis político que procuraré hilvanar coherentemente.
Debo confesaros sin embargo, que tal industria llevóme a estar largo rato en la ventana. Allí, viendo pasar las gentes hacia sus ocupaciones, decidíme a fablaros sobre los trabajadores. El paso de los campesinos hacia los campos, dobladas sus espaldas por el cansancio de los días anteriores que jamás desparece del todo de sus esqueletos, llevóme a pensar lo poco que éstos difieren de los siervos. El campesino construye su propia morada, y fabrica y repara sus enseres de labranza. Su mujer y sus hijas hilan lana y tejen el lino para facer sus vestidos, y amasan el pan que pondrán sobre la tabla de la mesa. Viven en una cabaña de adobe cuyos muros de madera cubren con una mezcla de paja, arcilla y estiércol de ganado. El mobiliario es elemental: una artesa para amasar, un lecho que se reduce a un jergón sobre un catre, una mesa, y un mueble donde se guardan las escudillas y los cucharones. La vestimenta se reduce a lo esencial, un par de calzones de tela basta que le cubre las piernas y un jubón de paño ceñido a la cintura. Su co
mida se reduce a pan de centeno, gachas, verduras cocidas, queso, huevos, y algo de tocino y pescado salado. Los campesinos no poseen reservas alimenticias. El hambre es frecuente pues las guerras y el pillaje los arruinan.
Recordemos que hace casi 500 años (allá por 1023), la Iglesia intentó mejorar la calidad de vida de los campesinos procurando protegerlos de las guerras privadas: Para ello dictó lo que llamaron “La Tregua de Dios” mediante la cual el Obispo Beauvois hizo jurar a los Señores que no robarían buey ni vaca, ni bestia alguna de carga; que no apresarían campesinas, que no les harían perder sus bienes en caso de guerra, y que no los azotarían para arrebatarles sus medios de subsistencia. La tregua de Dios prohibió la guerra el día domingo, después de la noche del miércoles, y a la mañana del lunes. Tales prohibiciones ficiéronse obligatorias a partir del siglo XI, pero como vosotros ya estás imaginando jamás fue respetada.
Y los tiempos transcurrieron. La industria textil se expandió por la campaña, y los campesinos comenzaron a confeccionar telas por encargo para un Señor de la comarca. Pese a ello el proletariado agrícola llevaba una vida miserable, y periódicamente se veía diezmado por el hambre. En Germania y la Bretaña los Señores se apropiaban de tierras comunales y prohibían la caza en los bosques próximos a sus tierras, agobiaban a los agricultores con impuestos, y los Obispos elevaron sus diezmos sobre las cosechas y el ganado.  En el reino de Nápoles los barones se entienden con la monarquía para multiplicar los alquileres; en Polonia los campesinos sucumbieron bajo el peso de las cargas impuestas, y en los países nórdicos la condición de los campesinos es igual de dura e injusta.
Quizá a esta altura deste somero relato vosotros os preguntaréis cómo reaccionaron los trabajadores ante tales condiciones. Os digo entonces que las relaciones entre el trabajo y el capital no registraron cambios. La intransigencia de los Señores torcía de forma permanente  las reglas a su favor, lo cual devino en un clima de lucha entrambos que se concretó en movimientos huelguistas cada vez mas extenso.
Por otro lado el esclavo que no tiene ni el derecho a protestar, huye, mientras desde el Poder se estipula la obligación de devolver a los fugitivos, pero os recuerdo –pacientes contertulios- que la historia ha guardado (en ya antiguos pergaminos) las peripecias de sus huelguistas precursores . Esa historia que os menciono porta en su memoria los asesinatos ocurridos en 1280 de los alcaldes Ypres y de Provins a raíz de un motín de tejedores que fue aplastado por el Conde de Flandes matando, encarcelando, o desterrando a los “revoltosos”.
En definitiva, Amados Cofrades, en este año de 1514 estamos asistiendo a movimientos sociales que quizá debieran considerar los historiadores del futuro, como la separación de la industria y el comercio y la aparición de la “mano de obra” organizada aunque sometida a la élite dirigente.
También asistimos al divorcio entre el artista y el artesano, pues mientras el primero frecuenta príncipes, banqueros, y Papas, el segundo se ve relegado a vivir entre la plebe. Los pintores no quieren ser confundidos con los albañiles y los arquitectos reniegan de los estucadores, pues están todos convencidos que el trabajo manual es asunto servil y deshonroso. Recordad que el mismo Lorenzo de Médicis escribió: “las personas de sangre Noble son las únicas que pueden llevar las cosas a la perfección. No existe asomo de ingenio entre gentes apocadas que trabajan con sus manos y no tienen jamás el ocio necesario para cultivar su inteligencia”.
De cualquier manera asistimos hoy, en este año de 1514 a la consolidación de una  unidad económica que conforman: el Castillo y sus tierras, la aldea y su entorno, y las comarcas vecinas. El Rey Joseph “El Feo”, sostenido por la burguesía es el agente de consolidación política que apoya a su vez a los diferentes condados en busca de la progresión del mercantilismo que será –a futuro- la máquina que transporte al hombre hacia otros destinos. ¿Cuáles? …el tiempo os lo dirá.



Moraleja:    La esperanza depositemos con empeño, en que de acá a mil años el orden cambie,    que el trabajador no tenga dueño, y que en 2014 el hambre amaine.

                
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