sábado, 20 de agosto de 2011


Esta edición aniversario la  centramos en tres nombres de la plástica departamental: Carlos Federico Sáez, Jaime Parés y Fernando Cabezudo; en una elección arbitraria y por demás escueta. Es que el departamento de Soriano ha sido pródigo  en las artes plásticas. Una muestra de ello es la valiosa colección de obras que atesora la Pinacoteca de la Biblioteca Eusebio Giménez.  En una larga lista, donde sin dudas también deberíamos incluir a Pedro Blanes Viale, y a muchos que  nos servirán de pretexto para futuras entregas.

EDITORIAL

Hablar de nuestras cosas



Aldo Roque Difilippo

El  pasado 18 de agosto, para HUM BRAL, se cumplió el primer año de trabajo en esta nueva etapa. Un año desde que colgamos el primer artículo que comenzó a navegar por la red de redes, primero sin mucha dirección, pero que luego a impulsos propios y de los mismos lectores, que comenzaron a realizar sus aportes, críticas y comentarios,  se encauzó en este rumbo que en gran medida va en la misma senda dejada cuando éramos una  revista de papel.
Godofredo, el personaje del
Periódico Centenario
(Cardona–Soriano) a raíz del pedido
de informes efectuado por HUM BRAL
a la Intendencia de Soriano.
Que dos tipos, sentados a una computadora  en la esquina del mundo generen que otro alguien desconocido escriba dos líneas comentando un artículo, o simplemente clickee un “me gusta” en el facebook nos impulsa a seguir y nos mueve a reflexionar sobre algunas cuestiones.
Es verdad, los que hacemos esto que llamamos HUM BRAL, en esencia somos dos tipos sentados a la orilla del mundo. Literalmente. Porque geográficamente estamos en esa esquina que hacen los ríos Uruguay y Negro. Porque vivimos en un departamento y en una ciudad  que se dice de las más cultas del país, pero que de un buen tiempo a esta parte (muchísimo tiempo para nuestro gusto) desprecia sistemáticamente las manifestaciones artísticas. Donde si bien aparecen algunos casos encomiables, son más a impulsos privados que estatales.
Porque además vivimos en un país que todavía está esperando “que tiemblen las raíces de los árboles” (parafraseando al ex Presidente Tabaré Vázquez) en el plano cultural.  Donde tenemos o  padecemos a personajes que están enquistados en ese mundillo cultural y culturoso, que no hace otra cosa más que excluir, menospreciar y hasta degradar a la inmensa mayoría de la población. Y que dos tipos sentados a una computadora a la orilla del mundo reciban tamaña respuesta nos mueve a reflexionar, a promover y hasta conminar a que surjan más manifestaciones similares o disímiles a esta –no importa- pero que hablen con su voz propia; de nuestras propias cosas, de todo eso que hoy en día ni los grandes medios de comunicación, ni  el Estado como tal están hablando ni promoviendo.
Desde hace buen tiempo que en los medios de comunicación casi no existe espacio para la reflexión, o el análisis más allá de la cotidianeidad de la noticia que muere casi instantáneamente a su nacimiento, porque el vértigo informativo así lo pauta. Pero también hace muchísimo tiempo que desde el Estado no se promueven prácticas que incentiven la reflexión, y si aparecen apenas se traducen a algunas conferencias en círculos lo más céntricos posibles. El Estado uruguayo como tal, a modo de ejemplo, no imprime ni promueve la difusión del libro. Es decir marcar un rumbo en lo que deberían leer las nuevas generaciones inundando bibliotecas,  centros de estudio y la plaza comercial con libros subsidiados y al alcance de cualquier asalariado, promoviendo reediciones de textos que para las editoriales comerciales no son redituables. ¿Cuándo fue que se reedito el último libro de Enrique Amorim? ¿Cuál fue la última reedición de Rodó, Carlos Vaz Ferreira, Pedro L. Ipuche, Delmira Agustini,  o autores más cercanos en el tiempo? Desde el Estado claro está, porque alguno de estos autores han sido reeditados por empresas privadas que obviamente hacen su negocio y el producto final no siempre está al alcance de cualquier bolsillo.
Un caso claro, en lo que respecta a literatura es Juan José Morosoli cuya obra hubiera sucumbido en el ostracismo de no haber sido por la perseverancia de una editorial como Banda Oriental que se encargó de revisarla, editarla o reeditarla tras su muerte. Pero debieron pasar varios años para que el Estado lo incluyera en los planes de estudio liceal, y valorizara adecuadamente esa obra.
Y pasa lo mismo en pintura, en música, y en todas las artes. ¿Quién ha comprado últimamente un disco con música de Luis Fabini, o Luis Cluzeau Mortet?
Por eso lo del principio: que dos tipos, sentados a la orilla del mundo frente a una computadora promuevan más de 32 mil lecturas en apenas un año; es decir más de 2.600 visitas al mes, quiere decir que existe un vacío en las necesidades de la población. Vacío que no lo están cubriendo ni los empresarios privados de los medios de comunicación, ni lo está asumiendo el Estado, como debería.
Pero cuidado, eso no quiere decir que nosotros hayamos llegado para cubrir esa necesidad. Eso sería una arrogancia petulante y tonta. Lo que pretendemos decir que es que en los medios de comunicación y en lo que promueve el  Estado hay una ausencia de propuestas culturales genuinas, que hablen de nosotros mismos, que nos ofrezcan la posibilidad de coincidir o disentir, de contraponer ideas, de contribuir a que el individuo se sienta parte de algo y no un mero espectador que recibe una comunicación que no lo contiene.
Primera liberación de libros en Uruguay,
una de las actividades que
participamos en este primer año.
Por eso  promovemos, exhortamos, y hasta conminamos a quien quiera tomar la posta a que florezcan por todos lados páginas web, blog, grupos de facebook, revistas tradicionales, simples folletines, cadenas de mails, o el formato que sea, pero que empiecen a hablar de nuestras cosas en nuestro idioma. Quizá el año próximo estemos hablando  de otros tipos sentados en su esquina del mundo escribiendo y contándonos sus propias historias.
Algunos números
de este primer año
Carlos Federico Sáez


Pedro Figari


¿Recuerdas, lector, a aquel adolescente raro, muy raro, y a la vez alegre, chancero, expansivo, simpático, elegante que, a su regreso de Roma, expuso en el Bazar Maveroff una serie de dibujos bizarros y de telas que no semejaban ni en el color, ni en la línea, ni en la composición, ni en la forma del cartón siquiera, o del telar, a lo que a diario, malos y buenos acostumbrabas a ver en caballetes lujosamente contorneados por un manto de terciopelo de tinte granate muy subido?
El pobrecito murió.
En roma, donde pasó siete años –de los catorce para arriba-, en la ciudad eterna, había sentado plaza  punto menos que de personalidad. Tenía imitadores. Su vestido, su peinado, su sombrero, su porte, sus corbatas, sus alhajas, era todo distinto de lo que se estila, y, con todo, desde lejos ya se veía que no era un petimetre, un snob, un extravagante, sino un artista, y a la vez un gentleman, de lo  más distinguido.
Decía monólogos y cantaba canzonetas napolitanas, con una gracia inimitable. Para remedar, era de verse. Se le invitaba especialmente a las fiestas, y hasta se le rogaba, puesto que su presencia era muy estimable para darles variedad y alegría.
En los salones se le hallaba tan decidido y desenvuelto, o más aún, que en su propio taller. A éste, lo había alhajado  sin muebles; con tablas y con telas que, por los recursos de su ingenio, producían un efecto sorprendente, extraño y agradable. Va sin decir  que no acordaba  a  cualquier quidam el derecho de frecuentarlo. Eso quedaba reservado para los refinados. Tenía partido en la bohemia artística de roma y especialmente entre los pintores españoles, que lo amaban de veras.
Convencido de que apenas estaba a medio camino de su carrera, no abandonó un instante su firme propósito de retornar al viejo mundo, para seguir sus estudios. Gestionaba su nueva pensión, cuando el Ateneo hizo un llamado a concurso para proveerse de un cartel ilustrado.
Carlos Sáez se consagró con ardor al trabajo para corresponder lo más dignamente que le fuera posible al honor de la invitación. La idea de que en su país pudiera crearse un ambiente propicio al arte, lo producía entusiasmos que no podía refrenar.
Aunque el plazo era brevísimo, preparó por decenas sus apuntes y bocetos, antes de optar por el que debía merecerle la opinión de presentable, y preparaba, además con reserva, una sorpresa de índole social para esas fiestas.
Nos había pedido un monólogo humorístico para recitarlo, de improviso, en el día de la inauguración. Deseaba concurrir de todas maneras al mayor brillo de ese paso inicial, que su fantasía le hacía aumentar, hasta ver en él un resurgimiento del país a la vida del arte.
Expiraba el plazo fijado y a última hora apareció Sáez con su afiche y dos bocetos. Pidió su espacio y él mismo encaramado en una escalera, los colocó lo mejor que pudo. Luego que los hubo examinado detenidamente en su luz y en su lugar, como que llevaba un pincel y unas tintas, retocó desde lo alto algunos puntos salientes del cartel, mientras se discurría, con marcada satisfacción, sobre las diversas obras que habían acudido a la cita, y sobre el éxito de los festivales. Solo faltaban tres días  para abrir los salones del Ateneo.
Al día siguiente, volvió Sáez y estuvo ayudando a sus compañeros –voluntarios entusiastas- en la tarea de disponer en espacios apropiados los carteles, lo mismo que  en las jaranas juveniles con que se amenizaba la obra. Poco más tarde,  lo vimos acurrucado,  sobre una silla, hacia un extremo del salón, mirando con sus ojazos llenos de melancolía  a los amigos que seguían  con afán y con júbilo los preparativos de la fiesta; unos clavando carteles, trepados hacia lo alto de las escaleras; otros  ordenando los carteles a exhibir, y otros por fin,  dando instrucciones, desde abajo: todos gozosos. Nos acercamos al pintor y le interrogamos-
-¿Qué hace  usted ahí tan solo?¿Acaso está estudiando el monólogo?...
-El monólogo peligra, -nos dijo- me parece, mi amigo, que ya no se dirá.
-¡Cómo! ¿Usted se echa atrás?
-Esto va mal, contestó Sáez con profunda tristeza, va mal, muy mal…
-¿Qué le pasa?
-Ya me volvió la fiebre. Todas lasa tardes me pasa lo mismo. Vea –nos dijo, extendiendo la mano.
Instantes después se retiró. Al otro día ya no vino.
Era extraordinaria la precisión de sus observaciones, del color, los misterios de cada individualidad con verdadera maestría.  Su temperamento de artista se esforzaba  a toda hora en el ejercicio de hallar el carácter, lo intrínseco, lo íntimo de cada cosa prescindiendo de  las trivialidades del detalle. Cuando  estudiaba, se le veía aprisionar al modelo con sus ojos centellantes, escrutadores y tenaces, que no  abandonaban su presa, hasta  haberla fijado con el lápiz en el papel, o con los colores en la tela…
Aquella tarde que se retiró del Ateneo, febriciente, fue para no abandonar ya el lecho en que expiró. Ni pudo asistir al acto inaugural. Hace un año, hoy, que Carlos Sáez dejó de existir. Obtuvo el primer premio: una medalla de oro y una indemnización de cincuenta pesos.
La agonía fue larga y terrible; y pocos momentos antes de morir, decía a los que  lo rodeaban:
“Díganle a Figari que los cincuenta pesos que me corresponden por el premio, los dejo para la Escuela de Bellas Artes del Ateneo.
Es muy poco, pero deseo ser el primero en suscribirme para esa Escuela.
La medalla es para mamá”.


* Nota publicada en el diario “El Día”, el 12 de enero de 1902, al cumplirse el primer año de la muerte de Carlos Federico Sáez.

“Venus de Milo”, Carlos Federico Sáez, dibujo a lápiz
(Picatoteca de Biblioteca “Eusebio Giménez” de Mercedes)

En nuestro mes aniversario, y en  el año del Bicentenario, rescatamos dos textos casi olvidados de Francisco Acuña de Figueroa y José Hernández. La “Nomenclatura y Apología del Carajo” de Francisco Acuña de Figueroa, y  la  carta de “Martín Fierro” a su amigo Juan Manuel Blanes con motivo de su cuadro “Los Treinta y Tres Orientales”.
Dos autores que no necesitan mayores presentaciones, ya que su obra ha sido fundamental en el Río de la Plata, pero ambos textos, por diferentes motivos  han caído en el olvido, por lo que optamos por publicarlos sin ningún comentario para el disfrute de nuestros lectores.
Los invitamos a leerlos en: http://hbral.blogspot.com

Parés por Parés



Álvaro Parés

Otra vez el 17 !!! Me fui por primera vez de Buenos Aires un 17 (septiembre del 74) y el viejo me dijo, antes de bajarse del transatlántico entre graves sirenazos « nunca pierdas el sentido del humor » como quien transmite todo lo que acumulo durante toda una vida... Acá vivo en París 17, y mi apartamento lleva el numero 117, mi estudio de grafismo duro 17 años.
Hoy Hum Bral recuerda al viejo... justo a los 17 años !!! Ya lo veo sentado acá, me hubiera mirado un minuto y hubiera dicho « jugale a la cabeza » ! Sin dudarlo un minuto yo le diría :« No estabas muerto vos ? Que haces por acá ? » y el, como siempre : « Belinun ! A tu edad todavía no entendiste que todo es ilusión ? ».
Digo muerto a secas, porque el odiaba palabras tales como « fallecido » o « pompas fú8nebres » que le parecían de una ridiculez como para tirarse al suelo y arrancarse la camisa.
Vamos a ver si te lo puedo pintar con algunos recuerdos, tal cual era, sin bombos ni platillos, para que el que no lo conoció lo resucite un minuto.
Antes del transatlántico, en Buenos Aires me había llevado a lo de China Zorrilla para despedirme antes de salir para Paris, solo porque era una de las pocas conocidas que vivían en ese momento allí, y él no sabia muy bien que hacer con ese viaje tan definitivo, pero no lo lograba decir, en ese tiempo, sin embargo no tan lejano, nos ibamos « para siempre » como los viejos inmigrantes italianos o españoles que hicieron el viaje al revés.
Mucho antes, en Montevideo, lo veo con Tenuta y Adela Gleijer, miembros permanentes del Galpón, los dos, cuando Tenuta todavía era contable en un gran garaje de la avenida Uruguay.
Un día, en lo de Adela, despertó a los sacudones a un melenudo de pelo negro pensando que era yo, « despertate che que hay mucho que hacer hoy ! » pero yo no había podido ir a dormir a lo de Tenuta esa noche por razones que mejor no te explico, y fue recién cuando el otro le gritó « dejame dormir huevon ! » que se dio cuenta que era Víctor Jara.
Lo veo contándomelo el mismo día a las carcajadas por 18. Al lado del viejo yo siempre parecía serio como un Papa... por contraste !
Mas lejos aun, me acuerdo de las noches de vela en el viejo Galpon (el teatro) el original, el de Mercedes y Roxlo, con el viejo y la tropilla de sonámbulos de la « sección títeres » ensayando hasta que pasara el primer « Santa Lucia » para Colon.
El viejo no tuvo nunca ninguna pretensión, fue una persona que carecía totalmente de ego (un puro aego). De él me quedaron las cosas que siempre me sirvieron, como nunca tomar en serio a la gente que se toma en serio, saber que la peor cosa que uno puede hacer (te la hago larga porque la palabra « pecado » no existía en su vocabulario) es pasar la vida respirando al cohete el aire de los demás, de no olvidarse nunca que así seas pintor, músico, escritor o barrendero, sós solo un instrumento que sirve para « contrabandear » cosas entre el invisible y el acá, que lo mas importante es invisible, que lo de mas valor no se puede ni comprar ni vender...
Son principios banales que todos conocen, pero lo exepcional del viejo es que el los aplicaba al cotidiano.
Era iconoclasta como otros son abogados, ingenieros o aviadores, a tiempo completo. Tenía la liviandad del que ve pasar el mundo como un corso de « huecas vanidades».
Su biblia eran las letras de los tangos, sobre todo las de autores anarcos de los 30 y 40, y el último organito podía hacerlo lagrimear.
El famoso « perdona si al evocarte se me pianta un lagrimón » valía para él toda la obra de Zorrilla de San Martin (el abuelo de China) y de Blanes reunidos, una obra de arte del lunfa concentrado por el genio de Discepolo en un solo verso !!!
Era de una intransigencia total con la mediocridad, de donde fuera que venga. Odiaba las odas a « los buenos sentimientos con lágrimas en los ojos », tales como patria, familia y trabajo...
Lo veo llorando de risa contando lo orgulloso que estaba uno de sus amigos porque se había hecho imprimir cartas de visita en la que se leía « Fulano – Artista Plastico ». Se podía llegar a levantar varias veces en la noche para volverla a leer solo para reírse !
Como se reía solo leyendo el Quijote.
Me acuerdo cuando mi mujer lo fue a ver sola, ya estaba muy enfermo en Mercedes, no la reconoció pero le hizo un retrato. Con su memoria enflaquecida, hacia esfuerzos inconmensurables para traer algo a flote, y lo único que le vino fue « eran las cinco de tarde... lo mataron a las cinco de la tarde » como si el cadáver fusilado de Garcia Lorca estuviera en la misma pieza.
Lo veo discurriendo sobre la guita, que nunca pudo entender para que sirve, fuera de corromper y provocar conflictos.
Me veo lléndolo a buscar a su piecita-taller de acá para caminar por las calles con las primeras nieves, para terminar discutiendo de la geometría no-euclidiana en un boliche del barrio latino, con un chocolate caliente y dos croissants.
De su reacción la primera vez que vio un da Vinci original: « QUE ANIMAL !!!» Con los ojos un poco húmedos. (Cuando se refería a Franco, la expresión era « Que bestia » todos conocíamos la abismal diferencia que había entre « bestia » y « animal », los demás no captaban el matiz...)
En los museos él los tuteaba, a Leonardo y a Vicente, Raúl, Paul, Henri, etc... « los muchachos » como decía un amigo pintor de su juventud montevideana !
Uno de ellos, Antonio Lista, le mando para su entierro 12 rosas rojas para que pusieran dentro del cajón « en memoria de Stalin » al viejo, que nunca quiso adherir a ningún Partido !!! Hasta lo último atrajo el absurdo como un imán.
Fue una película del neo-realismo italiano de post guerra... de esas con lágrimas y carcajadas.
Cuando llegué a Mercedes para su entierro, después de muchas peripecias (llegaba a mi casa de haber pintado un tanque de petróleo en el puerto de Vejle en Dinamarca con « Piotto » Charruti y « el canario » Carlos) me entero que ya habían arrancado varias veces hacia el cementerio y vuelto para atrás, y todo esperando que yo llegara a Mercedes, lo que fue todo un rompecabezas logístico, ahí ya me dije que eso parecía inventado por mi viejo ! No se si paso otras veces en la historia de Mercedes, pero parecía que solo al viejo le podía pasar !
Pero una vez allá, cuando después de ponerlo en un nicho, Cabezudo, gran amigo de toda la vida (mucho antes de mudarnos a Mercedes) en medio de un silencio total largo de su voz estruendosa como para que escuchen todos los inquilinos del cementerio : « Che, tu viejo ! Mira que murió como vivió, tres veces lo tuvimos que enterrar !!! Ahí me dije que sí, sin lugar a dudas, el guión estaba escrito de antemano por el viejo en una ultima broma, de las de él.
Me pareció el mejor homenaje que un amigo, conociéndolo bien, podía haber hecho.
Era un infatigable trabajador, un « obrero » (el que hace una obra) y a la vez un incondicional de la pereza, (la paradoja nunca lo detuvo, otros, por falta de imaginación, le llaman « contradicciones ») « hay que hacer como la natura, ella siempre toma el camino del menor esfuerzo ».
Adoraba por encima de todo el absurdo, Homero Manzi, y a los « amantes humildes ».
Los ladrones de gallinas y las prostitutas de barrio, eran para él las personas mas respetables en esta tierra, que supongo que ya entendiste, la consideraba como pasablemente hipócrita, aunque no le otorgaba el rango tan codiciado de absurda. No era su finalidad, pero espero que haya servido de modelo para algunos.
Estoy seguro que si tuvo un momento de lucidez antes de irse, se debe haber dicho « al fin voy a saber que hay del otro lado ! » como un chiquilín el día de reyes, la ñata contra el vidrio, en un azul de frio...
Si querés verlo, y tenés imaginación para llegar hasta allí, esta garabateando en una servilleta, en el Cafetín de Buenos Aires, como todos los días.
(*) Las dos fotografías de Jaime Parés fueron realizadas por  Héctor Rodríguez Cacheiro. Los dibujos que ilustran este artículo  corresponden a regalos del propio Jaime a Wilson Armas Castro. HUM BRAL publicó un reportaje realizado por Wilson a Jaime, que puede leerse en el siguiente enlace: http://humbral.blogspot.com/2011/01/instantaneas-solidarizadas-jaime-pares.html

(*) Extraído de Revista Histórica de Soriano, N° 10.
Jaime en la memoria


Ángel Juárez Masares

Como siempre es bueno recordar las cosas buenas, hoy apelo nuevamente a la memoria  para compartir con todos la fortuna de haber conocido a Jaime.
Enjuto, vivaz, curioso. Se movía por los grandes espacios de aquel edificio que ahora sólo existe en la memoria de quienes iniciamos el “Plan Piloto” del secundario, allá por los años 60. 
Ingresaba en los salones inventados para hablar con otros profesores, y se iba moviendo las manos como dándole vida a los títeres que tanto amaba.
Ya en aquella época, donde al Profesor se lo llamaba: “Profesor”; donde a ninguno se nos hubiera ocurrido tutearlos, donde cuando alguno pedía: “silencio”, se hacía el silencio, Jaime era Jaime. Pero cuidado; eso no significaba que no le respetáramos. Esa confianza pasaba por otros caminos, venía de su personalidad. Como el flautista del cuento, Jaime convocaba, su sola presencia arrastraba gurises tras de si, porque siempre tenía algo para contar, algo para enseñar.
Seguramente los años no permitirán que recordemos a los 160 que iniciamos el Plan, de los cuales muchos de ellos andan desparramados por el mundo. Pero no tengo dudas que todos recordarán a Jaime. Carlos, allá en Estados Unidos, Héctor  lo verá a través de la lente de su cámara, Mercedes creerá verlo en alguna feria montevideana, y Sergio también lo recordará, acá, a la vuelta de la esquina.

HUM BRAL se lee en:
Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay, Perú, Chile, Venezuela, Ecuador, Colombia, Bolivia, Costa Rica, Honduras, Guatemala, República Dominicana, El Salvador, Panamá, Cuba, México, Puerto Rico, Antillas Neerlandesas, Estados Unidos, Canadá, Noruega, España, Francia, Italia, Portugal, Reino Unido, Irlanda, Austria, Suiza, Alemania, Países Bajos, Dinamarca, Grecia, Rusia, Bélgica , Letonia, Hungría, Ucrania, República Checa, Polonia, Turquía, Arabia Saudita, Australia, Eslovenia, Israel, Siria, Corea del Sur, Filipinas, Hong Kong,  Japón, India, China, Malasia.


Y si quiere seguir leyendo lo esperamos en nuestra Biblioteca, con una selección de relatos y poemas.



Entrevista a Fernando Cabezudo

Un pintor es un niño con oficio y experiencia
     
                                                            


 Aldo Roque Difilippo
Ángel Juárez Masares




Entrevistar al Maestro es internarse en un laberinto que él conoce muy bien, y por lo tanto lo único que se puede hacer es seguirlo. Así lo hicimos y confirmamos que las aparentes ambigüedades que surgen de su conversación no son tales. Todas las ideas conducen a un objetivo: la búsqueda de los caminos hacia mundos habitados por el color y las formas.

“Primero hay que ver el lugar, el ambiente en que está uno”,  dijo Fernando comenzando a desarmarnos el orden que –ingenuamente- habíamos tratado de imprimirle a la entrevista.
“Está en Mercedes, tiene una situación económica, de salud, tiene una edad, tiene una relación con todo. Esa es la primera cosa. Después hay una cuestión de dejar hacer. Hay una poesía de Rubén Darío que dice: “yo hago mis versos con las cosas de todos los días”, y en definitiva es eso lo que uno tiene que buscar. Después están las limitaciones que uno tiene; las inhibiciones. Muchas veces uno se echa para atrás en un forma de castrarse…no? Todos son elementos que están ahí jugando, pero viene la experiencia, los años, las cosas se van modificando y uno va cambiando. Cambiaron todos; Velázquez, Tiziano cambió a la vejez. Y uno también, todo lo que tiene adentro lo va transformando. A veces para bien, a veces para mal. Porque a veces se toman caminos equivocados. La experiencia del error, digamos, y entonces se le va la vida y no encuentra la cosa”.
Cabezudo hace una pausa. Los ojos entrecerrados buscan algo en el techo del taller, y su mano derecha trata de atrapar una idea antes que se fugue, o se meta en el cuadro que tiene delante suyo.
“Yo he sido un autodidacta; salvo por Scolpini. El fue un gran dibujante que se frustró por preconceptos, podría decirse. A él le dieron una beca y se fue a Europa, y vio al Tiziano, Tintoretto, todos, cientos de figuras, y él estaba trabajando con cosas chicas y dejó de trabajar. Pero luego él vino a Mercedes y como a mi me gustaba dibujar mi madre lo habló y me dio clases, pero muy poca cosa. Hablaba muy poco, pero era muy certero. Con Scolpini trabajábamos con cuatro colores: con ocre, blanco, siena, y negro, en una experiencia interesante. Con Mondrían yo me di cuenta. Ponía un color, al lado ponía otro y lo transfiguraba. Menos color y la riqueza en la combinación…por ahí iba de la cosa”.
El Maestro confiesa que le ha ido bien con la pintura, pero también que se ha “gastado toda” viajando y que ha visto mucha cosa. Sin embargo pone énfasis en el trabajo, cosa que hará durante las casi tres horas que estuvimos en su casa.
 “Lo fundamental es trabajar –insiste- yo todos los días de la vida he trabajado. De los 14 años para adelante. Tengo miles de dibujos, recortes, fotos, que se yo. Equivocándose, yendo para cualquier lado…además son descubrimientos, no hay moldes…usted ve a Saez, era un guacho de mierda de 21 años…a los 14 hacía unos dibujos extraordinarios. Pero recién a los 50 y pico empieza a pintar. Van Gohg hasta los 28 años no pintaba”.
A esta altura de la charla Fernando ya se ha internado en el laberinto del que hablábamos al principio, porque dice: “uno empieza a pintar y no sabe lo que va a pasar. Es como una conversación, y ahí es donde se desarrolla todo, es una elaboración que surge de las cosas que van naciendo. Una relación entre lo que va haciendo y lo que se le va ocurriendo.
Picasso decía: yo empiezo una naturaleza muerta, y termina siendo un chivo. Es un misterio. También hay como un hastío, un cansancio, donde se pierde el sentido crítico de lo que se hace. Mejor dicho, se tiene que perder, es una cosa mental hasta cierto punto”.
También quisimos conocer su opinión en torno a cuándo se da la última pincelada, quizá como manera de confirmar nuestra sospecha de que eso nunca sucede.
“Una obra se abandona, pero terminada no, porque siempre hay una visión más allá de la cosa. El que no sabe ver, cree que está. Siempre se pueden modificar o eliminar cosas.
Además, todas las escuelas, expresionistas, impresionistas, figurativos, abstractos, todas son un poco artificiales. Creo que todos son expresionistas, porque en el comienzo siempre hay una deformación en función de la expresión. Yo he tenido la suerte de verlos”.
Consultado acerca de lo que trasmite una obra, Cabezudo asegura que “un cuadro no es una anécdota. Es un problema de color, de composición, es una ordenación de cosas, de texturas –aunque puede no tenerlas- puede ser un paisaje, un desnudo…puede ser una naranja. Hay un problema de calidad cuando se hace, y que no tiene nada que ver con la habilidad, o lo que llamamos habilidad. Vemos un brazo de una pintura de Miguel Ángel en determinada posición, pero por ahí capaz que si lo estiramos le toca los tobillos, porque está deformado en función de toda la composición. Es una armonía que se establece en un lugar. La pintura abstracta, por ejemplo, tiene la particularidad de mostrar despojados los elementos plásticos”.

Despojarse de los preconceptos
“Dicen que un pintor es un niño con un oficio y una experiencia –señala Cabezudo para inmediatamente poner énfasis en la necesidad de despojarse de los preconceptos-  cuando usted tiene preconceptos, y cree  que la pintura… o que la política; o que los viajes tienen que ser tal cosa, se está castrando. Porque usted va a buscar lo que usted cree que hay…pero es ir a buscar lo que hay. Si usted cree que la pintura tiene que ser verde, cuando aparece el colorado…no sirve. Cualquier cosa donde usted tenga preconceptos, lo está limitando”.
Acerca de establecer una planificación al momento de abordar una obra, dice que lo que puede haber es una idea. “Yo tengo la idea de ir a la isla…si?...ahora… ir a la isla, lo que voy a hacer allá, con quien me voy a encontrar, todo eso es lo que vendrá. Pero si yo digo: voy a la isla, y me encuentro con una persona; me pongo a conversar, y por esa conversación salgo para la plaza…es una cosa…pero si yo encuentro esa persona y digo: no hablo con éste, y me voy a la isla…ahí soné…es decir, el principio es ir mantener la idea pero sin preconceptos que impidan encontrar los caminos para hacerlo.”
Esto es como hacen los escritores, que se les ocurre algo y lo escribe (muestra carpetas de dibujos)  éstas son cosas que no están ni pensadas, ni nada…ahora…de aquí a hacer un cuadro es otro problema.”
Naturalmente su amigo Jaime Parés no podía estar ausente en la conversación, pero el Maestro se tomó su tiempo para buscar en su memoria algunos aspectos de significativos.
“El no trabajó mucho tiempo –recordó- cuando vino aquí a Mercedes lo único que tenía eran unas copias de Gauguin…de Van Gogh…y acá empezó a trabajar con los títeres y el teatro de chiquilines. Jaime no completó la cosa.”
Tampoco estuvo ausente la alusión a Torres García; su taller y la influencia sobre la formación de quienes fueron sus alumnos.
“El viejo Torres García vino a armar el taller y lo que hizo fue juntar gente de plata. A Scolpini lo quería agarrar…pero no pudo…y Manolo Lima… fabricaba ladrillos; los Ribeiro era dos canarios del norte que también los fue agarrando. Los capó, los hizo hacer constructivismo, les enseñó a ser viejos como él, siendo muchachos, no dejó que se desarrollaran. Pero bueno…Manolo Lima pintaba y tiraba la yerba del mate abajo del caballete…era un tipo formidable…loco…tenía una gracia para pintar las mujeres, pero tenía un problema con las manos porque no había estudiado, las manos son muy difíciles de trabajar. Hay que armonizarlas para que sean manos…y el loco las escondía…les ponía una por acá y la otra del otro lado.”
Al pedirle su visión sobre la pintura en nuestro Departamento, dijo que “Soriano tiene a Saez, a Blanes Viale, a Figari, que no los tienen los argentinos. Los brasileros ahora están con Portinari, y algunos hay…pero no tienen lo que tenemos nosotros; un país chico, un país mugriento de cuatro habitantes. Hay que acordarse que acá había en todo el territorio unos cuarenta mil habitantes…no era un país…y todos lo seguían al viejo Artigas, que no lo pensó nunca como país. El lo veía como la casa de América…Corrientes, Santa Fé, Las Misiones Orientales, y Paraguay…él veía la región….pero el pueblo se formó con el éxodo…parece mentira…no? Y una cosa muy singular. Hubieron muchos éxodos en el mundo…se iban cuando había un avance…como venían los brasileros...pero se formó una cosa muy particular en poquita gente, y ahora nosotros estamos viendo las diferencias…esa cosa independiente del gaucho…fue acá…que se dio también en pensadores, en poetas, escritores, y pintores. Los países grandes no tiene un Blanes…!y no tienen los jugadores de fútbol!…acá somos cuatro monos…en Alemania hay más de tres millones y medio de jugadores profesionales…acá somos tres millones de habitantes”.


Fernando y el poder de observación



Ángel Juárez Masares

Advierto que no es la primera vez que relato la primera clase de dibujo con Fernando como Profesor en Secundaria; y también que no será la última oportunidad en que lo haga. Buscaré siempre una escusa para hacerlo, porque esa clase fue una puerta hacia el interior del Aleph de Borges, aquel punto suspendido en un sótano y que encerraba el Universo.
Estábamos sentados en medio de aquel gran salón lleno de columnas, donde tiempo atrás funcionara la Sucursal del Banco de la República. Justo en medio de la gente que esperaría por sus trámites y de espaldas a las Cajas.
Entró con un canasto de mimbre lleno de hojas secas de los Plátanos de la calle; nos puso una a cada uno sobre un pliego de “garbanzo”, y dijo: observen, y dibujen.
Recuerdo haber pensado en la tontería de ponerse a dibujar una hoja, cuando esperábamos una disertación sobre el arte que nos llenara de sapiencia como para –al día siguiente- llenar varias cartulinas con dibujos magistrales.
Pero bastó para bajar la vista y mirar aquella hoja para descubrir el delta de sus nervaduras, donde una infinidad de pequeños arroyos desembocaban en el gran río que la atravesaba.
De los extremos hacia el centro, el amarillo ocre iba cambiando de tono. Pasaba por el siena tostado hasta el marrón casi negro de una isla de hongos…
Desde entonces nunca pude considerar “basura” las hojas secas, y cada vez que me detengo en los detalles de una corteza, o en el color del  herrumbre en una reja, recuerdo a Fernando y su: observen, y dibujen.