sábado, 19 de noviembre de 2011

Vivencias del horror

Esa estuvo presa


Aldo Roque Difilippo
Un grupo de 24 ex presas políticas presentaron una denuncia contra más de 100 policías, militares, médicos y enfermeras por delitos de torturas y abusos sexuales durante la pasada dictadura cívico militar. Por primera vez la denuncia incluye violación a los Derechos Humanos cometidos en el Batallón N° 5 de Mercedes y en la Dirección de Investigaciones, realizadas por militares, policías, incluyendo la participación de  civiles, ya que un par de médicos del medio.
Las denunciantes aseguran que se realizaban prácticas tales como la desnudez, la introducción de objetos en la vagina y ano, tocamientos, así como insultos degradantes y amenazas por la sola condición de ser mujeres llegando en muchos casos a la consumación de la violación. Además se mencionan las torturas: plantones, picana, submarino, entre otras.  Una práctica sistemática que buscaba el debilitamiento físico, moral y sicológico de las detenidas.
HUM BRAL dialogó con tres de ellas: Brenda Sosa, Beatriz Bezano y Jacqueline Gurruchaga, quienes rememoraron esas vivencias de los años del horror.
¿Los carceleros eran mujeres o varones?
Brenda Sosa: -En  el Cuartel eran hombres. Los oficiales eran quienes nos torturaban y nos interrogaban, y los soldados, que algunos participaban de eso, pero en general no lo hacían, pero si eran nuestros custodias.

¿En las torturas participaban cargos jerárquicos solamente?
BS: -Si. Los oficiales y algunos sargentos o cabos, que estuviera integrado a ese equipo.

Brenda Sosa
Beatriz Bezano: -Incluso nosotros denunciamos a todos los oficiales, al Comandante por ser el responsable primero, y después a todos los oficiales que sabían, aceptaban y permitían eso. Nosotros denunciamos violencia sexual. No era que uno se pasara con alguna mujer; era un plan sistemático que habían aprendido en la Escuela de las Américas, y que tenían que poner en práctica, y con todas. A veces podían pasarse con las más jóvenes o las mas lindas, en los comentarios obscenos; pero era con todas.

BS: -El abuso sexual era para ellos un arma de destrucción, física y moral, para hacernos pomada sicológicamente.  Para ellos nosotros éramos el enemigo en términos bélicos, y nos tenían que destruir. No éramos sindicalistas, amas de casa, personas. Éramos el  enemigo, y como mujeres doblemente  trasgresoras, porque para ellos que son un reducto de mentalidad  patriarcal y machista que una mujer intervenga en política  no lo podían soportar. Era un agravante.  El tema de la violación y la violencia sexual era una forma de destruirnos, que aparte algunos capaz la aprovechaban porque ellos también llegaban a un nivel de degradación horrible.

BB: -Éramos un botín de guerra, y creían que podían hacer cualquier cosa con nosotros, y nos lo hacían sentir.

¿En la tortura no participaban mujeres  militares, o supervisando las torturas como enfermeras o médicas?
Beatriz Benzano
BS: -En los cuarteles no. Después hubo una época que ellos formaron  un cuerpo  de policía militar que eran mujeres, diferente a la tropa, porque eran reclutadas en un estrato social más arriba. La tropa generalmente eran soldados que  provenían de la frontera, de familias muy pobres, que la única opción que tenían era la de enrolarse,  en cambio estas mujeres la mayoría cuando las reclutaban tenían el Liceo completo, y provenían de hogares de trabajadores, culturalmente un poquito más arriba.
Hacían un proceso de selección a través de la formación que les daban, que era terrible. Les daban formación militar e ideológica, y las  convertían en máquinas de reprimir terribles. A partir del 1973, 74 empezaron a formarlas. Era la guardia que estaba destinada a Punta de Rieles, pero también las llevaban a unos lugares de tortura que eran masivos, en el 75, 76; y algunas de ellas también iban a esos lugares. Así que también participaron de la tortura.

BB: -Ése fue el gran invento de los milicos, porque les lavaron la cabeza y  nada mejor que mujeres para cuidar a mujeres. Realmente estaban ahí como esbirras, dedicadas a eso, a hostigarnos, a hacernos la vida imposible día y noche. Golpeaban las rejas y los candados, lo más que podían, no nos dejaban ir al baño y en los distintos trabajos nos reprimían…

LA LECTORA DE LOS SOLDADOS

Habitualmente se habla de la tortura que padecieron las personas que estuvieron encarceladas, pero había  otro tipo de tortura que era hacia la familia. ¿Cómo era la relación con los padres, las parejas, o los hijos?
BB: -Los familiares la pasaron negra.

BS: -Fue terrible lo que ellos sufrieron. Nosotros estábamos juntas, nos apoyábamos mutuamente, y de alguna manera nos sosteníamos pensando que más allá del compromiso de cada una, había una causa que era común; porque todas estábamos ahí porque habíamos participado de actividades ya sea política o sindical, o lo que sea; por un ideal. Pero los familiares su situación era una consecuencia. Y los niños ni que hablar. En la etapa del Cuartel las compañeras que tenían hijos pasaban meses y meses sin saber nada de ellos. Después las embarazadas que cayeron las torturaron con sus hijos en la panza.

Jacqueline Gurruchaga
Los  bebés el primer año y medio estaban recluidos con las madres en los cuarteles en un clima  de represión terrible, porque  además los usaban como instrumento de presión para las madres.
En Punta Rieles la visita de los niños era otra tortura, porque el lugar donde recibían a los niños era un patio minúsculo, todo rodeado de alambrado, con soldados  con ametralladoras apuntando.  En un clima  muy represivo.

Jacqueline Gurruchaga: -Todo podía generar alguna sanción. Previo ingresar, con una revisión muy minuciosa que al niño le generaba  problemas...

BB: -Les revisaban los pañales, la ropita todo.

JG: -Tenemos carta de los niños que ahora son grandes y que dicen nosotros somos los que nos aprontábamos para ir. Los que nos revisaban los cuadernos, los juguetes.

BB: -La visita de los mayores también era horrible. Primero que los hacían caminar muchísimo. Dos quilómetros a pie, desde camino Maldonado al Penal, y después la revisación era espantosa.
La visita se hacía con un milico a cada lado de nosotros,  y si se llegaba a hablar algo que no fuera, la podían interrumpir y muchas veces arbitrariamente decían que no teníamos visitas…

JG: -Estaba prohibido decir paloma, libertad, cosas que  tuvieran algún símbolo de algo.
Mi madre iba del interior con mucha dificultad económica se pagaba el pasaje y llevaba dulce de membrillo, manzana, artículos de limpieza. Toda la suma no podía pesar más de 5 quilos. Cuando llegaba se les había ocurrido que dulce de membrillo no, que el jabón tenía que estar rallado, pero ella había llevado dulce de membrillo porque el mes anterior dejaban.
Mi hermana me contaba como una picardía, sabiendo que lo militares no podían leer muy bien, que les decía espere, que yo leo más rápido, y si veía que la nomina decía membrillo no,  ella decía dulce de batata y  mi mamá pasaba las cosas. Los familiares temblaban, pero ella como el soldado no sabía leer muy bien, leía la nómina y hacia pasar todo. Ella se convertía en la lectora de los soldados para que pasara todo.

NOS TUVIMOS QUE RECONSTRUIR

JG: -Después que cumplís la pena te podía pasar que los milicos pensaban que no estuviste suficiente. La pena que ellos mismos te dieron, con la justicia que ellos inventaron, con el abogado de oficio que ellos mismos te impusieron; y entonces estabas preso otro poco mas por “medidas prontas de seguridad”. Entonces un grupo de compañeras estuvimos retenidas por medidas prontas de seguridad. Mis padres fueron a la cárcel y les dijeron que no sabia donde yo estaba.
Estar preso por medidas prontas de seguridad era estar con visitas más inciertas, con recreos más inciertos. Era un retroceso con respecto a aquella Cárcel que ya era horrible, pero en el quilómetro 14 de camino Maldonado era más horrible, y se daba una situación particular porque nos juntábamos con otra gente que estaba muy cerca en un centro clandestino de detención. Entonces juntaban presas que hacia mucho tiempo que estaban con gente  que recién caía, y que venia de centros clandestinos de detención. Gente joven pero envejecida, despedazada, muy mal, y nosotros a levantarlas.
A su vez nos llevaban a  ver a los familiares encapuchados, vendados, cuando ya  nuestras familias ya nos habían visto un poquito más aseados, y no con vendas y haciendo un trencito…

BS: -Imaginate que hasta para nosotros nos provocaba ver eso, más para los familiares.
Una vez me llevaron al Hospital Militar porque tenia un problema cardíaco, y cuando estaba esperando que me atendieran veo  venir un trencito de compañeros de la Cárcel de Libertad, caminando uno a tras del otro, todos vendados, o encapuchados, con los mamelucos, uno con la mano del hombro del otro como guía. Eso es terrible.  Entonces imaginate lo que era que los familiares vieran eso.

JG: -Así íbamos a las visitas.
Después del quilómetro 14  nos llevaron a Paso de los Toros. No sabíamos dónde íbamos, entonces nos repartimos lo que teníamos. A mi me tocó poquitito de leche y una sexta parte de una naranja. Nos mandaron en un ómnibus  verde con los  vidrios tapiados. Todo el viaje esposadas, encapuchadas. De a ratos nos acostábamos y tratábamos de mirar a ver si veíamos ruta. En el viaje me dio una diarrea impresionante, una cosa espantosa por lo que había comido. Entonces empiezo a pedir que me dejen bajar.  Bueno, todo un tramite, porque adelante y atrás iban camiones (del Ejército). Resuelven autorizarme a bajar para hacer mis necesidades, después de un trámite impresionante.
Preguntan cómo es el operativo de seguridad. Resuelven cortar la ruta. Preguntan cómo: encapuchada no, esposada de piernas no, todo por radio.
Resuelven esposarme una mano a una soldado, y ronda de soldado. Preguntaban si los soldados de espalda o de frente, todo eso conmigo ahí mientras aguantaba. Me bajan y me sacan la capucha. Veo el ómnibus, camiones adelante y atrás, los jeep cortando la ruta, en el medio campo desolado. Los milicos hacen una ronda, ametralladora en mano y yo esposada a la soldado, con una mano me bajo la ropa y me tenía que concentrar lo que tenía que hacer porque sino me mataban de una paliza.
En Paso de los Toros nos recibió un ginecólogo. Otra humillación, con un milico ahí al lado, con una absoluta falta de higiene y el tipo parado ahí con un arma,
Es decir la sistematización de la humillación para denigrarnos fue  generalizada,  y parte de un plan.

¿Cuando salieron en libertad ustedes recibieron apoyo sicológico, sea de parte de las instituciones médicas, o del Estado?
BS: -A la salida de la democracia hubo, gracias a gestiones de compañeros del exterior, unos fondos que destinó un organismo de Derechos Humanos para montar un servicio  que asistiera a los presos y sus familiares que hubieran tenido secuelas graves. Ese servicio funcionó muy bien, pero los fondos eran limitados y tenían un ámbito de acción muy limitado, porque solo podía tratar a personas que tuvieran serios problemas siquiátricos y sicológicos. Esa iniciativa era privada y no hubo  ninguna cobertura por parte del Estado.

¿Cómo se entiende que estemos transitando el segundo período de gobierno de izquierda, donde  ha habido mayoría parlamentaria como para impulsar esta clase de iniciativas, y que no haya habido sensibilidad para atender estos casos?
BB: -Eso es lo difícil de entender.

Pensando que alguno de los parlamentarios también pasaron por la cárcel y la tortura.
JG: -Es como una negación de la cosa.

BS: -Los gobiernos anteriores al Frente Amplio fundamentaron la impunidad en función de que acá hubo una guerra, y que en ella uno tiene que pagar un precio, que hubo dos bandos militares enfrentados, uno perdió y el otro ganó. Cosa que nosotros negamos rotundamente.
Creo que hay gente en la izquierda que también piensa en esos términos. Cuando lo empezamos a hacer presente, cuando empezamos a hablar de eso, y tengo experiencia de haberme reunido con parlamentario de todos los grupos, nos miraban con extrañeza. Pero no era un problema político solamente. Incluso hay  algunos compañeros que tienen un rechazo a considerarse victimas porque definen  víctima de una forma peyorativa.
Puede haber causas  diversas para que no haya habido esa iniciativa por parte de la izquierda,  pero creo que  es una falta de conciencia de lo que es la problemática a posteriori de toda la represión, de los derechos que tenemos. También pienso que puede haber cálculo político electoral. Esto no da votos.

¿Y cómo se hace para vivir con todo eso? Con los hijos, con las parejas…
BB: -Con nosotros.

BS: -Primero con nosotros, en nuestra vida.
En la mayoría de los casos no tuvimos apoyo técnico, salvo las pocas que lo pudieron haber tenido por propia iniciativa. Nos tuvimos que reconstruir como pudimos. Una de las cosas más frecuentes es la negación. Decir esto me pasó y no lo tengo que estar recordando porque me hace mal.
A todas nos pasa que cuando empezamos a hablar de estas cosas o nos entra angustia y empezamos a llorar, o nos salen granitos, o se nos hinchan las articulaciones, porque el organismo reacciona.







Libertad vigilada
Jacqueline Gurruchaga: -“Después de salir en libertad teníamos que ir una vez al cuartel. Teníamos que ponernos de espalda al Cuartel y esperar. Te podés  imaginar un empleador en Mercedes que te de trabajo y le digas yo el viernes  tengo que ir hasta el Cuartel. No sé cuánto voy a demorar. Me tengo que parar de espalda al cuartel y esperar. Cuando se les antoja yo firmo. Un plantón para que no me olvide, y cuando se les antoja cruzo y firmo”. (…)

“Después pido permiso para ir a un cumpleaños familiar a Santa Catalina. Allá me tuve que presentar la comisaría. Hola que tal, vengo a un cumpleaños. A media mañana de vuelta, mira que sigo en el cumpleaños. A media tarde mirá que me voy del cumpleaños. La cara de los milicos de pueblo te la podés imaginar.
Cumplí la pena que ellos me dieron, y mi arma, por si alguno le queda dudas era tener un volantecito y gritar cualquier consigna que se me antojara en una manifestación”.

Mimetizarse
Jacqueline Gurruchaga: “Me sacaba un muchacho a bailar y al otro día siempre había alguien que le decía “mirá que esa estuvo presa”. Una vez salgo a bailar y el muchacho me dice “hay esta música es divina, del grupo ABBA”. Le digo “no tengo la más pálida idea de lo que es el Grupo ABBA”. “Y por que no sabes”. “Porque los últimos años estuve presa”. Y ya me miró raro. No conocía la música de la época. Volvés a un lado y no sabés  nada. Caí con las polleras cortas y cuando salí las polleras eran largas. Tuvimos que mimetizarnos, porque si lo decís espantás a un mundo, y  sino también.

Beatriz Bezano: -“Lo importante es que ellos querían que nosotros sintiéramos que seguían teniendo el poder. Nos dieron la libertad porque no tenían más remedio, pero querían seguir vigilándonos como vigilaban a toda la sociedad”.

 La denuncia
El ex Cuartel "General Luna" , ahora
convertido en Terminal Shopping, un
lugar de torturas en el centro geográfico
de la ciudad de Mercedes. 
En la denuncia presentada por estas ex presas políticas, relatan que:  Los denunciados tuvieron activa participación durante la detención y prisión de las denunciantes en los distintos establecimientos carcelarios, siendo todos ellos responsables directos e indirectos por acción u omisión de la comisión de delitos calificados como de lesa humanidad cometidos en forma sistemática y planificada consistentes en delitos sexuales (violencia sexual, violación, desnudez, tocamientos, entre otros) y torturas (tales como plantones, picana, submarino, entre otros), afectando su integridad física y mental y su derecho a la dignidad, principalmente”. Y que  “la conducta desarrollada por los denunciados formó parte de un plan sistemático orquestado por quienes detentaban el poder en forma ilegítima cuya finalidad era la destrucción física, moral y psicológica de las detenidas con particular énfasis en su condición de mujeres, menoscabando su integridad física y mental y su dignidad con prácticas tales como la desnudez, la introducción de objetos en la vagina y ano, tocamientos, así como insultos degradantes y amenazas por la sola condición de ser mujeres llegando en muchos casos a la consumación de la violación”. Desprendiéndose que las mujeres “eran doblemente victimizadas, tanto por su ideología como por su condición de mujer, utilizándose su cuerpo como un botín de guerra”. Donde “los incesantes traslados de carácter ilegal a los que eran sometidas tanto en Montevideo como en el interior, con total desconocimiento de las detenidas así como de sus familiares quienes perdían toda comunicación, configuraban en si mismo una violación a sus más elementales derechos fundamentales, siendo esta práctica de carácter sistemática y repercutiendo en forma por demás dañina en su salud física y psicológica”. Agregando que “todas estas prácticas realizadas no sólo buscaban destruir a las detenidas sino que también procuraban morbosamente el placer de los torturadores en sus distintas manifestaciones, ya sea tocándolas, impidiéndoles el aseo por tiempo prolongado y cuando lo permitían observándoles permanentemente y apuntándoles con un arma, realizándoles plantones totalmente desnudas, no dejándolas dormir, soltándoles perros, no brindándoles agua ni alimentos, impidiéndoles realizar sus necesidades básicas e incluso colocándole ratas en los genitales habiendo sido previamente untadas con grasa”.
“La violación sistemática de los derechos humanos de las detenidas con particular énfasis en su condición de mujeres se traduce indudablemente en violencia de género ejercida por agentes del Estado sin que las detenidas pudieran recurrir a ningún tipo de autoridad en su defensa”. (…) “En efecto, de las prácticas realizadas se desprende no sólo el grado de ensañamiento empleado por los actores directos sino también el ensañamiento de los agentes de la represión por su condición de mujeres reafirmando su poder institucional y reproduciendo las relaciones de poder desiguales entre varones y mujeres. No se contentaban con utilizar mecanismos reñidos con la ley para obtener información si no que por el contrario disfrutaban perversamente de sus acciones”.

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