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sábado, 21 de mayo de 2016

Dieciocho poemas escritos en la dictadura argentina buscan a su autor



"Para Sebastián", uno de los poemas del Cuaderno de Rawson
"Para Sebastián", uno de los poemas del Cuaderno de Rawson 

En plena dictadura argentina, la profesora de Literatura Hebe Mabel Garro salió de una cárcel patagónica con un cuaderno escondido en el bolso. Se lo habían entregado los presos políticos del penal de Rawson a los que examinaba. En su interior, había 18 poemas escritos por ellos, todos sin firma. Garro conservó el cuaderno en su casa sin saber cómo divulgar su contenido. Ahora, con la colaboración de organismos de Derechos Humanos, se ha lanzado a la búsqueda de los autores, anónimos durante 34 años.Cosecha Roja, la red latinoamericana de periodismo judicial, publica por primera vez el Cuaderno de Rawson íntegro y llama a los eventuales autores a identificarse.
"En la cárcel estudiaban Secundaria por libre y cuando estaban preparados pedían mesa de examen. Una de las veces que fuimos, uno de los presos políticos que había rendido examen me llama a un costadito y me entrega un cuaderno de 50 hojas", rememora Garro por teléfono desde Trelew, unos 1.300 kilómetros al sur de Buenos Aires. "Me dice que está escrito por él y por todos su compañeros. Yo sabía que no podía entrar ni sacar nada de la cárcel, pero el corazón es más fuerte que la cabeza y me conmovió ese gesto de gratitud y confianza. Lo metí en el portafolio entre mis cosas y me fui. Justo ese día no nos revisaron al salir", relata.
Escribir estaba prohibido. Los presos escondían las minas debajo de las uñas y usaban el único papel disponible, el de los cigarrillos

La docente releyó los poemas en solitario en numerosas ocasiones, pero fueron recitados por primera vez en voz alta el pasado marzo, en el acto de conmemoración del 40 aniversario del golpe de Estado organizado en Trelew, en la provincia sureña de Chubut. "Me emocionan cada vez. Ninguno tiene un deje de resentimiento, de rencor ni de odio. Hablan de recuerdos, de proyectos de futuro, de ilusiones. Se nota que no eran poetas, pero fueron escritos desde las entrañas", dice conmovida. Con sus palabras, asegura, los detenidos "trascendían los muros y los hierros y se liberaban".
"He perdido los ojos por no verte / y mi boca es un vacío sin tu nombre / y mi mano toca piedra inerte. / Espera la caricia que la asombre / el silencio es muralla que se yergue, / y perduro, pues solo soy un hombre", son los versos iniciales de uno de los poemas del Cuaderno de Rawson. El Archivo Provincial de la Memoria de Chubut trabaja en la edición de un libro con los poemas, que estarán acompañados de una investigación sobre el funcionamiento de la Unidad 6 del penal de Rawson. La unidad cobró notoriedad 11 años antes, por la fuga de 25 presos políticos, entre ellos varios jefes guerrilleros que lograron llegar a Chile. Un grupo de 19 fueron atrapados durante su huída en el antiguo aeropuerto de Trelew y fusilados pocos días después en una base militar, en lo que se conoce como la Masacre de Trelew. Sólo tres sobrevivieron.
En los centros de detención de la dictadura estaba prohibido escribir. Los prisioneros escondían las puntas de mina de los lápices debajo de la uña del pulgar y usaban el único papel disponible, el de los cigarrillos. Esas hojitas se doblaban varias veces hasta hacer bolas minúsculas que se sellaban con la cera de las velas. "Las llamaban caramelos porque podían tragárselos y sortear las pesquisas", describe Christian Mirra en la última edición del libro Cielo Libre, de 2016, que incluye poemas recopilados en 1981 por la asociación de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por la Dictadura.
"La poesía que abre Cielo Libre, 'Vamos andando', es la misma que está en el cuaderno. Y ahora, por la convocatoria pública, parece que su autor ha sido identificado. Aguardo la llamada de una persona que lo conoció y dice que murió hace dos años", anticipa Garro, con una mezcla de tristeza y esperanza. "Me acuciaba el deseo de que estos poemas fuesen conocidos. La búsqueda (de los autores) me saca culpas de encima", concluye.

http://cultura.elpais.com/

sábado, 12 de septiembre de 2015

Un Olimareño secuestrado en Argentina: "Lo único que hice fue cantar"

El cantante uruguayo Braulio Lopez, miembro de Los Olimareños, fue secuestrado por la dictadura argentina en abril de 1976 y estuvo seis meses desaparecido. Ayer declaró por videoconferencia en el megajuicio de La Perla. Lo interrogaron sobre letras que hablaban del Che y sobre la izquierda uruguaya. Sospechan que su caso fue parte del Plan Cóndor.
Por: Juan Manuel MannarinoCuando “Los Olimareños” llegaron por primera vez a Córdoba, en 1965, los recibieron como si fueran héroes del folclore latinoamericano. Cuatro años después, en la antesala del “Cordobazo”, los uruguayos volvieron a la provincia y cantaron “Cielito del ’69”, con letra de Mario Benedetti. “Que vengan o que no vengan/al pueblo nadie lo asfixia, que acabe la caridad/y que empiece la justicia”, repitieron a coro en la multitud. No sabían que la inteligencia del Ejército argentino los tenía marcados  y que al inicio de la dictadura uno de sus miembros, Braulio Lopez, sería secuestrado  en Argentina.
En abril de 1976 Lopez viajó a un pueblo cordobés llamado James Craik a buscar un equipo de sonido. A la vuelta, mientras esperaba el colectivo lo rodearon cuatro personas de civil acompañados del comisario de la zona. Lo encapucharon y metieron en un auto. Preguntó por qué  y adónde lo llevaban: solo le dijeron que estaban cumpliendo órdenes.
Braulio López declaró por videoconferencia desde Uruguay en el megajuicio de La Perla. El músico describió el itinerario de su detención en el ex centro clandestino de Campo de la Ribera. Dijo que lo interrogaron sobre por qué cantaba “letras subversivas”. Seis meses permaneció allí hasta que fue trasladado al pabellón 10 de la UP1 junto a otros presos políticos.
Los interrogatorios fueron de dos tipos. “Por un lado, había represores que le preguntaban sobre dónde estaban las letras subversivas. Y eran canciones públicas. Eso demostraban el poco nivel de instrucción que tenían”, contó el fiscal Facundo Trotta a Infojus Noticias.
-Por esas letras del Che te vamos a castigar. Basta de pavadas – le dijo un verdugo.
López narró una secuencia que le pareció cómica. “Había un tipo que me pedía que le dicte la canción del Che, entonces le iba cantando ´seguiremos adelante…´ hasta que frenaba en el estribillo. El tipo se volvía loco y me decía ´dale, pelotudo, decime la parte donde aparece el Che Guevara´. Y yo le daba otra vuelta más”.
La otra clase de interrogatorio fue más incisiva: le preguntaban si conocía a los movimientos de izquierda uruguayos. Braulio leyó un documento de la dictadura oriental que fue desclasificado por el Frente Amplio. Allí se explicita una comunicación entre los Ejércitos de Argentina y Uruguay. “Le preguntaron si sabía información de grupos de izquierda, y eso comprueba que había información cruzada. Es una muestra que su caso estaba dentro del Plan Cóndor, porque esa información era imposible saberla de acá. Es notorio que esa inquietud vino desde el otro lado del Río de la Plata y que había una vinculación entre las dictaduras”, precisó el fiscal.
De niñas y gallos
De la Unidad 9 de La Plata lo llevaron a la cárcel de Devoto durante un mes. Finalmente fue conducido a la Policía Federal de Buenos Aires, donde le dijeron que “sería expulsado por su relación con la subversión”. Cuando lo dejaron libre, se exilió en España.
-Estuve seis meses desaparecido y seis meses legal. Lo único que hacía era cantar –contó el músico.
Sus interpretaciones, para el fiscal, eran “un bálsamo entre tanta tortura”.
Cierto día, los represores lo llevaron de la UP1 a la Ribera. “Unas mujeres me pedían que cantara ´La niña de Guatemala´, un poema de Martí. Entonces un  interrogador me dijo “si vas a cantar, cantá esa, pero otra no”. Se referían a temas como “Los dos gallos”, que la juventud de izquierda entonaba al son de “si cantara el gallo rojo otro gallo cantaría”. Esa clase de situaciones sucedía cuando el Ejército dejaba la guardia. “Ellos eran los duros. Pero la cosa se ponía menos rígida cuando venía la Gendarmería. Varias veces nos sacaban al patio pero siempre con la venda. Me ponía al lado de un compañero que me contaba una película, y yo le cantaba una canción”, describió.
En la Navidad del ’76 le pidieron desde el pabellón de mujeres que les dedicara una canción. “Siempre nos rebuscábamos con la comunicación. Allí pensé por dónde podía cantar para atravesar las paredes.  Entonces me hicieron escalera humana, subí hasta una ventana que tenía vidrios rotos, me agarré de los barrotes y asomé la cabeza. Y les canté ´La niña de Guatemala´. Esa imagen me quedó grabada en la memoria. Las mujeres sacaron los pañuelos blancos y saludaron”, contó, emocionado.
Braulio cerró su declaración con un pensamiento. “En esos momentos límites, o sos un hijo de puta o te aparece la bondad. Te salta quién sos. Con el tiempo me encontré con compañeros detenidos y la dimensión de la solidaridad siguió intacta”.
Y concluyó: “No podemos esconder la verdad, eso es cobarde, agradezco a los compañeros que vinieron a testimoniar”.


http://www.infojusnoticias.gov.ar/

sábado, 4 de abril de 2015

Murió Lilia Ferreyra, la compañera de Rodolfo Walsh que lo ayudó a difundir su carta a la Junta Militar



La periodista, pareja del escritor cuando éste escribió en marzo de 1977 y difundió su célebre Carta Abierta a la Junta Militar, falleció hoy a los 71 años víctima de una enfermedad terminal.


Había trabajado en la editorial Jorge Álvarez, en los diarios La Opinión y Página/12 y en los últimos años se desempeñó como asesora de la Secretaría de Derechos Humanos.


Coordinó el espacio de la ex Esma, ahora ocupado por diversos centros culturales volcados a la promoción de la memoria de los derechos humanos, pero que fue el mismo lugar al que fue llevado el cuerpo de Walsh tras ser asesinado en la calle mientras despachaba la denuncia en la que Lilia había colaborado, haciendo copias en una casa de la localidad bonaerense de San Vicente.

“Tuve muchos trabajos pero todos ligados a mi idea de transformar este mundo”, dijo hace unos años en un extenso reportaje para el canal Encuentro, donde no vaciló en considerar al escritor como “mi gran amor”.

Se habían conocido en 1967, cuando Walsh le firmó un libro de cuentos suyo y poco después esa atracción inicial los convirtió en pareja durante casi una década, en la que el autor de Operación Masacre habló de la relación con ella, su tercera mujer como “mi soldadura con Lilia”.

Juntos atravesaron la etapa en que el periodista dirigió el periódico de la CGT de los Argentinos, la militancia en el peronismo revolucionario de los setenta y las tras la “primavera camporista”, el pase a la clandestinidad.

En 1975, mientras el periodista ocupaba la responsabilidad en la estructura de inteligencia montonera, se “replegaron” en lo doméstico y alquilaron una casita en la localidad de San Vicente, donde Walsh se hizo pasar por un traductor y profesor de inglés.

Tiempo antes, fuerzas militares ya habían allanado otra casa que alquilaban en una isla sobre el rio Carapachay, en el Tigre, redescubierta por sus compañeros tras la restauración democrática.

Fumadora empedernida, no se cansaba de repetir que tras la muerte de Walsh y el arrasamiento de la generación militante que integraba había pasado años de desazón y exilio interno.

Pero que el curso político abierto en el 2003 -y en especial tras la derogación de las leyes del perdón- “me devolvieron las ganas de vivir”.

Recién en el 2010, en el segundo juicio por los crímenes de la Esma pudo declarar sobre el asesinato de su compañero y en ese momento exhibió ante el tribunal un documento histórico: unas hojitas amarillentas escritas 33 años antes en su máquina Lettera por Walsh, y replicadas con carbónico para ser enviadas a redacciones y políticos, los originales de la Carta Abierta a la Junta Militar .

Extraído de: http://www.telam.com.ar/